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El Malpensante

Política

El círculo des-confianza

Tres tristes textos sobre Trump

El tema es inquietante e inagotable; el personaje,  preocupante para muchos sectores. Ahora que ha comenzado la cuenta regresiva para que Trump ocupe la Casa Blanca, las preguntas están a la orden del día. Estos tres autores se detienen en sus electores y asesores, círculos concéntricos que tienen como eje ese punto naranja.

Aparentemente, Trump ha escrito muchos libros. Tres de ellos versan sobre la política que deberían seguir los Estados Unidos. El primero, The America We Deserve, fue publicado en el año 2000; el segundo es Time to Get Tough: Making America No. I Again, y el tercero, Great Again: How to Fix Our Crippled America. En ellos, su visión como líder político está claramente delineada. Usualmente lo hace en contraposición a los políticos profesionales, a quienes en su gran mayoría tiene en poca estima. Les cuestiona su ambigüedad y sus circunloquios, y les opone su estilo franco y directo; y a su locuacidad, indecisión e ineficacia, su capacidad para sacar muchos proyectos adelante. Trump cree que los problemas de su país son atribuibles a la falta de visión y de talento de líderes que no son líderes pues han terminado empantanados en una maraña de papeleo y regulaciones. Dudo que haya leído a Carl Schmitt. Sin embargo, Trump piensa que la política tiene el mismo carácter agonal que le atribuyó el pensador alemán. En efecto, para Trump, la verdadera política comienza al llamar por su nombre a sus enemigos: en el plano político-militar, el Estado Islámico; en el comercial, China; en el sociocultural, el sentido de lo políticamente correcto.

En su papel de líder político, Trump ve a su país como una empresa y a sí mismo como al empresario que la sacará adelante. Su tarea fundamental será hacer acuerdos (deals) que los beneficien, que los vuelvan a hacer ricos, respetados y temidos, como lo eran al final de la segunda posguerra. Sin embargo, hay muchas cosas que Trump ignora de la política y la economía internacional, y ha demostrado que no tiene mucho interés en detenerse en tales “minucias”. No es un microadministrador, como lo fue Stalin. En su carácter de visionario, se parece más a Hitler, quien solo se involucró activamente en decisiones políticas y militares al final de la década de 1930. La gran diferencia con Hitler es que Trump no es un ideólogo. Sus formulaciones tienden a ser grandilocuentes y chocantes, pero sin mucha profundidad. De hecho, un estudio realizado por investigadores de la Universidad Carnegie Mellon encontró que la retórica de Trump no alcanza en complejidad a la de un estudiante de primero de bachillerato.

Un líder así es alguien que se fía más de su capacidad para saber quién es apto para qué cosa, para delegarle tareas, ...

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Juan Gabriel Gómez Albarello

Actualmente es profesor asistente en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia.

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