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El Malpensante

Arte

Octavio Paz y el arte

Ante los gestos repetidos del arte pop o el paternal aleccionamiento del muralismo, el célebre escritor mexicano percibió como pocos el vaivén de una historia cuya constante parece ser la paradoja. Este ensayo nos acerca a la faceta de Paz como crítico de arte y ensayista.  

©Zurdo

 

Era inevitable que Octavio Paz se interesara por el arte de su tiempo. Lo era por una simple razón: el poeta moderno también fue el crítico del arte moderno. Más aún, fue su motor espiritual, el guía en la búsqueda de nuevos valores y nuevas tradiciones. Paz siempre se vio a sí mismo en esos términos, como un miembro más de esa sociedad secreta de poetas que surgió hacia 1830 en Alemania e Inglaterra. En Los hijos del limo, rastreó esa fértil tradición; en sus escritos sobre arte, dos tomos de sus obras completas, mostró las derivaciones de aquella renovación romántica de la sensibilidad en la plástica. Dichas incursiones en el arte no solo agudizaron una de sus más visibles aptitudes intelectuales, la capacidad para entender el presente; también le dieron claves para descifrar algunos rasgos fundamentales de la edad moderna.

Uno de ellos, quizás el más relevante para entender la producción cultural del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, fue la permanente tensión que mantenía la modernidad consigo misma. Ser moderno supuso, paradójicamente, odiar en cierto grado la modernidad, mostrarse poco dispuesto a vivir una vida enteramente racional, secuestrada por el orden y la claridad. El arte y la poesía modernos fueron la punta de lanza de esta rebelión. Si la racionalidad del siglo XVIII desencantó al mundo y lo libró de espíritus y hadas, los románticos alemanes e ingleses, seguidos por los simbolistas franceses y la vanguardia del siglo XX, lo volvieron a poblar de misterios, realidades paralelas, fuerzas inconscientes, carcajadas infantiles, aullidos de loco, fuerzas irracionales e indómito dandismo.

Los artistas modernos, en especial los vanguardistas, se entregaron a la imposible tarea de empaparse de modernidad renunciando, al mismo tiempo, a la sociedad de su época. Todos ellos rechazaron la tradición y buscaron nuevos horizontes morales. Esto fue lo que los hizo modernos. Odiaron el estilo de vida occidental, sus academias, su capitalismo, su burguesía y la monótona rutina que desecaba el espíritu y sumía en la apatía. Aquel espíritu de contradicci&oac...

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