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El Malpensante

Portafolio gráfico

Elefante Blanco

“Una fotografía es un secreto sobre un secreto. Cuanto más te dice menos sabes”.

Diane Arbus

©Fotos de Orlando Echeverri Benedetti • [Hombre con longyi atravesando el terraplén de la estación ferroviaria de Kun Chan] 

 

Dos días antes de viajar a Myanmar, el profesor Graeme Simpson me contó en un bar de Hat Yai esta leyenda: antes de dar a luz a su insigne hijo, la madre de Buda soñó con un elefante blanco que llevaba una flor de loto en la trompa. En ciertos países budistas esto llevó a la creencia de que los elefantes albinos eran sagrados y no podían ponerse a trabajar. Así, me dijo Graeme, en Birmania y otros países asiáticos, la posesión de elefantes blancos se convirtió en un símbolo de la realeza. Algunos monarcas birmanos empezaron a referirse a sí mismos como “señores de los pies dorados del elefante blanco”. A principios del siglo XX, cuando murió uno de los elefantes blancos del rey Thibaw, los británicos, ridiculizando sus tradiciones, arrastraron el cadáver del elefante sin ceremonias desde el Palacio de Mandalay. El hecho horrorizó tanto a la gente de la ciudad que ayudó a desencadenar diez años de una de las más rabiosas resistencias guerrilleras en el país.

Pero la verdad es que, cuando llegué a Myanmar, solo vi un elefante blanco, y estaba hecho de arena. Lo primero que me llamó la atención, sin embargo, fue que los hombres vestían falda y que tenían los dientes negros. Sabía que las faldas se llaman longyis y que el color de los dientes se debía al abuso de una sustancia psicoactiva que popularmente se conoce como betel. Había leído esos datos en Los días de Birmania, una novela de George Orwell que está basada en sus años como policía del Imperio británico. Una noche, en Bagan, caminando sin rumbo, me detuve enfrente de uno de los numerosos puestos callejeros donde preparaban el betel. Había varios hombres aguardando su turno y todos parecían sorprendidos de que un forastero quisiera probar esa cosa. De hecho, ni una sola vez vi a un extranjero consumiéndolo en Myanmar y más bien se mostraban asqueados por los escupitajos de quienes sí lo hacían. El betel, para que se hagan una idea, luce como un tamal en miniatura o, mejor dicho, como un envueltico de par...

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Orlando Echeverri Benedetti

Escritor y periodista colombiano. Trabajó para El Universal y ha publicado en reconocidos medios. En 2014 ganó el Concurso Nacional de Novela que otorga Idartes con la obra Sin freno por la senda equivocada.

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