Google+
El Malpensante

Entrevistas

Novelas de 20 páginas

Ángel Castaño Guzmán entrevista a Luis Noriega

Tímido y voluntariamente alejado de los círculos literarios, Luis Noriega ha comenzado a cultivar una sólida obra narrativa. En esta conversación, el escritor colombiano revela las claves de su humor y la forma en que sus obsesiones acaban amoldándose a raros formatos que entrecruzan los atributos del cuento y la novela.

Ilustración de Juan Momujo

 

Dice el ABC de la narratología que ni en tus más lejanas alucinaciones puedes confundir al autor con los personajes de sus ficciones. Sin embargo, tras haber concluido la lectura de Donde mueren los payasos, no pude dejar de reconocer al “autor”, uno de los personajes de esa sátira salvaje y juguetona, en el rostro de su escritor Luis Noriega (Cali, 1972) y en la forma traviesa que tiene de asumir el oficio literario. Los libros de Noriega tratan de asuntos disímiles –distopía, desencanto con las promesas de la juventud, sátira política y editorial– y poseen registros narrativos variados, pero el humor es siempre el vehículo usado para señalar la cruda desnudez de la realidad. Tanto sus tres novelas –Iménez, Donde mueren los payasos y Mediocristán es un país tranquilo– como Razones para desconfiar de sus vecinos, volumen ganador del III Premio Iberoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, destilan un escepticismo risueño algunas veces, y guasón otras. Al final de la jornada, Noriega se encarga de llevar al lector a una dicotomía: la vida es una broma al tiempo macabra y desopilante. En la obra del colombiano se mezclan las influencias del Eclesiastés –el libro sapiencial judío– y las ficciones de Philip K. Dick.

Desde 1998, Noriega vive en España –fue a cursar un doctorado, no concluido– y su conversación está salpicada por ciertos modismos ibéricos –joder, coño– y por las sibilantes eses. Ahora reside en Arenys de Mar, un pueblo catalán de 15.000 habitantes, donde combina los oficios de padre de dos españoles –Camila de nueve años y Jacobo de cuatro– con los de traductor de libros académicos de historia. Varios de sus amigos y compañeros, en cada visita al país, ratifican una idea un pelín peregrina: a Noriega los calendarios le están causando pocos estragos. “Comeaños”, fue el calificativo que le oí a un escritor para referirse a él. Y sí, al otro lado de la mesa del café, y en las fotos de las solapas de sus libros, aparenta tener seis o siete años menos de los que en realidad tiene. Sensato en su charla y atento de verdad a las palabras del interlocutor, Nori...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Ángel Castaño Guzmán

Edita la revista cultural universitaria La Avenida, en donde ha publicado algunas reseñas de su autoría.

Agosto de 2017
Edición No.188

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

La puerta abierta


Por Eduardo Halfon


Publicado en la edición

No. 207



Esta breve nota recuerda que el suicidio está siempre disponible para quien no se sienta a gusto con la vida.  [...]

Dos platos en prosa


Por Andoni Aduriz


Publicado en la edición

No. 206



Poemas en prosa [...]

La venganza de los salvajes


Por Javier Ortiz Cassiani


Publicado en la edición

No. 209



Los bárbaros siempre han encontrado la forma de rebelarse, de aprovechar con destreza su propia creatividad para quitarse los grilletes y abrir las sinuosas trochas que del otro lado prometen l [...]

VAR: Vigilar y castigar


Por Harold Muñoz


Publicado en la edición

No. 210



La FIFA implementó el videoarbitraje hace apenas un año, y tanto los jugadores como los espectadores aún intentan aclimatarse a las nuevas condiciones. Sus defensores dicen: &ldqu [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores