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El Malpensante

Columnas

Cartas desde Madrid

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Cadáveres exquisitos

 

La novela cultural de la temporada ha sido sin duda la de los restos corporales, por decir algo, de Salvador Dalí (1904-1989), incluido su colofón inesperado –por ahora–. En estos tiempos de pruebas irrefutables de adn, nadie parece a salvo de encontrarse de repente un hermanito menor, una tía lejana o un abuelo disoluto. Ya lo decía el clásico refrán castellano: “No digas de esta agua no beberé, o este cura no es mi padre”. Los muertos ya no son lo que eran: no queda nadie en quien confiar. Y si no me creen, se lo pueden preguntar a los hijos y herederos de marqueses, toreros, empresarios y cantantes que, en los años recientes, se han encontrado sorpresas parentales de todo tipo.

El caso de Dalí ha sido, como correspondía, surrealista. Una señora de Figueras (no lejos de la magnífica Casa-Museo Salvador Dalí de Portlligat, donde el genio dejó como legado su mansión con sofás rosas en forma de labios y paredes con relojes de sol flexibles), de nombre Pilar Abel y profesión vidente, estableció un pleito en el que le iba la vida. Según declaró, su madre (ahora en estado intermitente de demencia senil) tuvo a bien informarla que su progenitor era el célebre pintor.

En una entrevista, quizás llevada por una cierta deformación profesional, declaró que ya su abuela, a la tierna edad de seis años, le había dado a conocer la noticia: Dalí era su padre. Cosas de niños. Hasta le sacaba un parecido con el pintor, que ella rechazaba porque lo encontraba muy feo. Luego tuvo que vivir con ello. “Siempre coincidíamos, palabras no había, pero miradas, muchas”. En un pueblo, ya se sabe, todos se conocen. Que Dalí era un mirón profesional y un voyeur en materia de sexo (le interesaba como asunto misterioso, pero le producía gran aversión) es asunto indiscutible. Después de once años de intentar que se atendiera su petición de paternidad daliniana ante diferentes instancias, doña Pilar encontró una juez que decidió había caso y aceptó la demanda. Aunque ella siempre lo ha negado, los aspectos crematísticos no parecen desdeñables.

El legado de Dalí, que este entregó al Estado español en su testamento, consta de unos 120 millones de euros en obras de arte y propiedades inmobiliarias, de las que podía recibir el tercio correspondiente a una legítima heredera. La Fundación Dalí tuvo que cump...

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Es investigador del Consejo Superior de Investigación Científica de España y profesor de ensayo en Cursiva, la escuela de escritura de Penguin Ramdom House.

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