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El Malpensante

Iceberg

Suspenso a la colombiana

Sobre la serie colombiana en Netflix

Podríamos empezar por el revés diciendo que el sonido a veces falla, que se dan contraluces mal solucionados, que los actores de distintas edades para representar al mismo personaje no se parecen lo suficiente los unos a los otros y que se abusa de las coincidencias, pero enseguida yo agregaría que Distrito salvaje es una serie muy lograda que lo mantiene a uno pegado a la pantalla o, cuando hace falta una cerveza, al botón de pausa. Son diez episodios de 48 minutos, no de una hora, la duración usual de los capítulos en la nueva televisión. ¿Piensa Netflix pasar la serie después en la televisión abierta y necesitaba dejar espacio para la publicidad? No tengo idea. Tanto los protagonistas como los personajes secundarios son sólidos y complejos y hay una dosis de suspenso finamente administrada. Las actuaciones y el casting se compenetran muy bien, sobre todo en el protagonista central, Juan Pablo Raba, aunque Cristina Umaña, Christian Tappan y el resto del elenco nunca desmerecen. Siente uno alivio de no toparse con la sobreactuación típica de la televisión colombiana, derivada del sesgo hacia la farsa que caracterizó a las telenovelas desde siempre.

Jhon Jeiver, encarnado por Raba, tiene un pasado violento, al que llegó forzado por las crueles leyes de la guerra, en su caso porque las farc lo arrancaron de su familia en la infancia en el Caquetá. Sospecho que este leitmotiv se repetirá mucho de aquí en adelante en las narraciones locales, ya que entre nosotros se cuentan por miles las historias de violencia inercial, como esta. En Distrito salvaje hay, pues, malandros, psicópatas y corrupción, pero al menos los narcos han dejado de ser el centro del mundo; ni siquiera lo es la guerrilla, de la cual Jhon Jeiver escapó.

Leo que Juan Pablo Raba tuvo una participación prominente en Narcos en el papel de Gustavo Gaviria, si bien no lo reconocí porque me rehusé a ver esa serie. No solo me parecía una barrabasada que Pablo Escobar hablara con acento portugués, sino que tengo la vana ilusión de que ojalá un día el tal patrón del mal salga de nuestras vidas para siempre. Dicho esto, a Raba le sirvió la experiencia porque encarna con mucha solvencia a Jhon Jeiver o Yei-yei, el antiguo pisasuave de la guerrilla. El atlético actor destila un aire taciturno y silencioso, en medio de letales explosiones de violencia, e incluso hace gala de un buen corazón que esconde por allá en lo más recóndito de su envoltura de acero.

La acción se ve contrapunteada por los conflictos y los afectos de los personajes, en particular por el cáustico hijo de Jhon Jeiver, llamado Mario Gómez en la serie y convincentemente interpretado por Nicolás Quiroga. Como de costumbre, las redes del poder son retratadas como insondables, mientras la narración nos va conduciendo hacia los grandes perpetradores del mal. En general la trama de corrupción es menos persuasiva que la de acción y, aquí y allá, se desliza hacia la caricatura. Una cosa es que alguien robe al proveer los materiales de construcción de una clínica o de un colegio, y otra, un poco inverosímil, es que lo planifique así para que años más adelante le contraten el refuerzo de la edificación en peligro de derrumbe.

Distrito salvaje responde a una de las mejores tradiciones de las series televisivas, que es mostrar a los personajes, incluidos los secundarios, en su entorno familiar, lo que desemboca en un fresco diciente y variopinto de la Bogotá contemporánea. Está la fiscal incorruptible y mañosa en conflicto con su esposo, está la joven policía convencida de su misión porque el padre fue víctima de la guerrilla, está la empleada de un hospital que se siente atraída por un hombre misterioso y lacónico, está el vengador obsesivo que no va a descansar hasta ver a su viejo compañero de luchas tirado en un charco de sangre, está el vecino que se mete contigo porque sí y están la gran burguesía, los miembros de la alta burocracia y los hijos de papi –a veces simplificados de forma maniquea–: todo un espejo deformante que al mismo tiempo nos entretiene.

En fin, con Distrito salvaje Cristian Conti, el showrunner, ha logrado atraer y mantener nuestra atención. Habrá que estar atentos a lo que sigan haciendo él y Dynamo Producciones, la productora de la serie.

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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