Google+
El Malpensante

Iceberg

Croniquilla de un lapicero Bic hallado en la acera

.

Incluso en Bogotá, a las cuatro y veinte de la tarde, la suerte puede tocar a la puerta. Como ayer, cuando pedaleaba por la ciclorruta de la calle 106 con autopista y vi brillar un lapicero Bic abandonado a su suerte al pie de un andén: ¡aún tenía tres cuartas partes de tinta! Detuve la marcha a un par de metros, ávido, y temí que la señora de la bolsa o el muchacho de Rappi lo recogieran y se lo embolsillaran. Pero le pasaron por encima sin determinarlo. Parecía llevar algún tiempo allí por el polvillo que ya empezaba a opacar su transparencia. Como ningún posible dueño se esculcara o se devolviera escrutando el piso, aparenté amarrarme los cordones para recogerlo, aún a horcajadas en la bicicleta. 


Era un lapicero joven, según indicaba la tapa apenas mordisqueada. 


La tragedia de perder un esfero no es poco significativa. ¿A qué dentadura le estará ganando la batalla el estrés ahora mismo? Alma, cuerpo y espíritu componen la trinidad del hombre. Pero esta se queda corta. Hace falta una tetranidad: alma, cuerpo, espíritu y lapicero negro. A diferencia  del caso al que me enfrenté, y eso me alivia, el 90% de apropiaciones de lapiceros Bic están mediadas por circunstancias dolosas. De allí que aunque el Bic sea como un reloj de arena y podamos ver siempre el nivel de tinta, pocos lo hayan usado hasta la última gota, como sí sucede con otros bolígrafos, o con los encendedores.


Contrario al Kilométrico, el lapicero Bic es poco pretencioso. Empezando por el nombre. Y por el rodar amortiguado de la bolilla que va untando el papel. Incluso cuando eyacula sobre bocas desprevenidas, la tinta del Bic es menos amarga; lengua, labios y encías se limpian con mayor facilidad. En mis épocas de roedor de lapiceros, del Bic me gustaba que cuando la tapa ya no admitía más masticaciones –como cuando se acaba el chicle, desabrido–, siempre estaba la opción de remover el pequeño tapón de abajo y seguir rumiando. Hay incluso quienes desfloran el conducto heptagonal y dejan la mina saliente como un banano a medio abrir. A los nacidos antes de 1990, nostálgicos o no, solo nos basta mencionar las palabras “caset” o “rebobinar” para recordar la vieja labor del cuerpo acanalado del Bic. Y ni hablar de los zepelines, bolitas babeadas o cualquier proyectil que se disparaba por esta cerbatana transparente. 


En YouTube aparecen las propagandas históricas del Bic. “Un Bic Cristal de verdad”, recuerdo que decía una voz en off elegante en el televisor barrigón Goldstar. Me hubiera gustado estar en España o Argentina para usar la palabra “boli”. “Que me he encontrado un boli marca Bic”. Sabía de sinónimos como “esferográfico”, “puntabola” o “caneta”, pero jamás había escuchado “pluma atómica”, que acabo de googlear. A este lapicero, que cumple 68 años y escribe más de dos kilómetros, se lo ha considerado una obra de arte en museos como el Pompidou y el MoMA; hay esculturas hechas con estos tubitos cristalinos. 


Me hubiera gustado también haber escrito esto con mi nuevo Bic bogotano y que un Gmail futurista hiciera compatible tinta y caracteres. Me conformo con sacarme cera del oído con la punta dorada mientras hago el copy paste desde la hoja de Word.

 

Carlos Mario Vallejo Trujillo.

Página 1 de 1

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Noviembre 2018
Edición No.202

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Gefilte Fish


Por Eduardo Halfon


Publicado en la edición

No. 203



Imitando se aprende casi cualquier cosa. Incluso las que uno no quisiera aprender. [...]

Supermoro y la kriptonita brasileña


Por Mariana Toro Nader


Publicado en la edición

No. 203



Sérgio Moro, el osado juez que procesó a Lula da Silva y reveló un entramado de corrupción de alcance latinoamericano, decidió colgar la toga y unirse al que la izqu [...]

Substantial Comics


Por


Publicado en la edición

No. 202



. [...]

El festival internacional de cine sin Cartagena


Por Teresita Goyeneche


Publicado en la edición

No. 203



¿Por qué uno de los eventos cinematográficos más longevos e importantes de Latinoamérica no promueve el trabajo de realizadores de Cartagena, la ciudad que le sirve [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores