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El Malpensante

Perfil

Sándor Márai

Periplo de un antiperfil

Un académico colombiano viaja a Hungría para lograr terminar el encargo de un ponzoñoso editor: un perfil de un fenómeno editorial póstumo, un autor desdeñado y celebrado en partes iguales por sus compatriotas. En este extraño relato tras bambalinas la suma de fracasos termina en un confuso éxito.


Ilustraciones de Juan Gaviria.

 

1.

La idea de viajar a Budapest me la dio János Sarkadi, responsable de la biblioteca del Centro de Estudios Interuniversitarios Húngaros de París III. Durante las tardes de trabajo silencioso en las que solo él y yo ocupábamos el recinto, entre préstamos y consultas bibliográficas, empecé a deslizarle cautelosamente preguntas sobre Sándor Márai. Al cabo de un tiempo, terminé confesándole que trabajaba en un perfil lúdico –encargado por una prestigiosa, aunque un tanto veleidosa, gaceta de creación literaria– cuya realización ya había empezado a contar entre mis fracasos.

–¿En Suramérica?, ¿Sándor Márai? –me preguntaba Sarkadi sorprendido, pero al mismo tiempo reprimiendo un cierto deseo de aplaudir semejante extravagancia.

Una tarde, tal vez para ayudarme a superar mi frustración de biógrafo derrotado, me dijo:

–Verá, no es fácil escribir un perfil breve, ingenioso y divertido sobre alguien tan perfectamente aburrido como Sándor Márai.

Insistía en que sus novelas carecían de acción y que su tejido narrativo se reducía a extensos monólogos taciturnos llenos de reflexiones pesimistas sobre la vida y el alma europea. Ante la autoridad que le confería haberlo leído en su propia lengua, yo guardaba silencio y recibía sus frases con la resignación del condenado.

–No comprendo por qué se obsesiona con un novelista tan mediocre –dijo satisfecho con su insulto.

Sarkadi había obtenido de la burocracia franco-húngara una beca que le permitiría concluir la redacción de una investigación audaz y original sobre el aporte de la clase campesina a la lírica húngara durante el período de las revoluciones liberales del XIX. A cambio, tenía que encargarse de los préstamos, catalogar las adquisiciones, organizar coloquios minoritarios y dar clases de lengua. Cuando nos conocimos, llevaba en su despacho ya dos años de sereno enclaustramiento, el cual era ocasionalmente perturbado por solicitudes bibliográficas de estudiantes que parecían tan solitarios y extraviados como él. Prueba de la exposición prolongada a la luz halógena, unas manchas ve...

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Mauricio Polanco Izquierdo

Es licenciado en lenguas extranjeras de la Universidad del Valle y tiene una maestría en literatura comparada de la Sorbona. Publica sus escritos en El Malpensante con cierta periodicidad.

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