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El Malpensante

Crónica

Canciones tristes para vacas llaneras

No apto para vegetarianos

En los Llanos Orientales, las familias campesinas inician su fundo con una vaca. A ella le componen canciones de ordeño. A los terneros que nacen de esa “fundadora” también les cantan: para arrearlos, y luego inmolarlos sin ninguna crueldad.

Fotografías de María Alejandra Gómez

 

La yugular hinchada se ramifica en la mitad del cuello. La boca de Víctor Espinel se abre y la voz sale, se sostiene y se quiebra en una tonada que parece un lamento. El cuerpo entero vibra. El hombre canta con una voz aguda, como un contratenor extraviado, de ropas sucias y desgastadas, que le ofrece un recital a un grupo de vacas. Luego calla, respira. El pecho sube y baja. Bajo la breve penumbra del sombrero, su cara tiene pocos rasgos, es pura boca. Y garganta. Y vuelve a cantar. El sonido afilado corta y traspasa. Las reses se acercan desde distintos puntos de la llanura como espectadoras conmovidas que conforman un público mugiente, como si obedecieran un designio secreto, como si no pudieran hacer otra cosa.

Todo esto lo veré en un par de días, porque ahora mismo en el fundo La Palestina solo hay silencio. A este lugar llegué desde Yopal hace una hora por una franja de asfalto de dos carriles que parece estrecharse después de Aguazul y que, a la altura de Maní, se vuelve una trocha que más adelante se disuelve en la sabana. El paisaje oscila entre el verde claro, el verde quemado, el verde amarillo, entre montículos de termitas que brotan del suelo como colmillos terrosos y las motas de vegetación que empiezan a recibir la humedad de un invierno que apenas inicia.

Aquí, en los Llanos Orientales colombianos, una vasta región de 285.437 kilómetros cuadrados que ocupa cuatro departamentos –Meta, Arauca, Vichada y Casanare–, el inicio de las lluvias significa varias cosas: la vida sale del letargo, los vaqueros inician sus trabajos del Llano –vacunar, domar, arrear, marcar– y algunos de esos hombres entonan aquellos cantos melancólicos con los que han llamado y controlado a sus animales desde hace siglos en una tradición declarada hace poco –en diciembre del año pasado– Patrimonio Cultural Inmaterial Mundial por la Unesco.

En el fundo La Palestina hay una casa modesta, una caballeriza, un corral y una serie de potreros separados por cercas de alambre donde pastan vacas desperdigadas. También hay dos perros, un marrano pequeño, seis o siete caballos, una niña de cinco años, un puñado de vaqueros de edades entre los 19 y los 65, y una pareja pequeña y cetrina conformada por Víctor y Clara, l...

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Julián Isaza

En 2009 ganó el Premio Rey de España con la crónica "Atlas es chocoano". En 2017 ganó un Premio Simón Bolívar de periodismo por su crónica "El vuelo del pterodáctilo". Dirige "Directo Bogotá".

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