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El Malpensante

Artículo

La sed del ojo

Un policial erótico

La primera novela del escritor colombiano transcurre en tiempos en los que la fotografía erótica atentaba contra las buenas costumbres y los “pornógrafos” eran perseguidos como criminales. Aquí el material que logró escapar a las incautaciones y redadas.

El erotismo es un tema que, usualmente, resulta atractivo para la literatura. La impresión que se tiene cuando decidimos abordar el tema de la desnudez, o el de la cópula, o el de los placeres individuales, o el de las perversiones que se ejecutan en el ámbito de las alcobas y los baños, es que todo lo que se diga al respecto va a suscitar la curiosidad en el lector. Se piensa, y esto es un equívoco, que escribir sobre este tema garantiza el entusiasmo del público. Pero el erotismo es una circunstancia que supone un riesgo. Riesgo que, por lo demás, pocos escritores superan. Ese riesgo es el de caer en la fascinación de la fácil morbosidad. Así, se termina confundiendo lo erótico con la vulgaridad y una pornografía de pacotilla con las búsquedas estéticas en los terrenos del amor y la sexualidad.

Cuando vi las 24 fotografías de Auguste Belloc, que muestran, como ningún fotógrafo lo había hecho hasta la época, el sexo femenino; y luego de saber que estas eran lo único que había quedado de un decomiso de más de 4.000 fotografías hecho por la policía de París en el año de 1860, supe que ese era un buen tema. La primera idea que me vino fue escribir un cuento. Pronto me di cuenta de que la historia merecía mayor despliegue. Que las concepciones de fotógrafos y pintores de esos años, frente al problema de la desnudez y su visibilidad, debían ser desarrolladas con más amplitud. La primera voz narrativa que se impuso en La sed del ojo fue la del mismo Belloc. De ella dependen los criterios que en la novela defienden la búsqueda científica y estética de la fotografía erótica. Con Belloc se establece un discurso que reflexiona sobre el oficio mismo de la fotografía. Es por él que el lector se entera, además, de sus colegas Jacques-Antoine Moulin, Alexis Gouin y Bruno Braquehais, figuras claves a la hora de querer trazar un mapa de los mejores fotógrafos del París del siglo XIX.

Pero junto a la voz de Belloc hay dos voces más en La sed del ojo: la de un policía y la de un médico. Son estas dos perspectivas las que permiten que en la historia del célebre decomiso fotográfico haya una suerte de polémica en torno a lo bello y lo real con respecto a la pintura y la fotografía. Pierre Madeleine, el policía, es un personaje tan contra...

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Pablo Montoya

Docente de literatura en la Universidad de Antioquia. Recibió el Premio José Donoso (2016) como reconocimiento al conjunto de su obra. En 2019, su primera novela, "La sed del ojo", fue reeditada por Penguin Random House. 

Febrero 2019
Edición No.204

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