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El Malpensante

Artículo

¡Dejen que reviente!

Si alguien lo contradice, inhale, exhale y pelee. Quizás no haya una mejor forma de comunicarse.

Ilustraciones de Luis Pinto

 

Una velada entre amigos, el ambiente es tranquilo y corre el alcohol. Entonces, uno de los invitados suelta una sentencia fatal:

–Pues, de hecho, los refugiados son un problema.

Los gestos de los otros se endurecen de inmediato.

–¿Qué carajos? ¡Eso suena mucho a la AFD![1]

El aludido replica irritado:

–¡Es que uno ya no puede decir nada! ¡Es cierto, duélale a quien le duela!

–¿Tienes que empezar con eso justo ahora? –le susurra su esposa.

Los invitados intercambian miradas hostiles, la atmósfera se enrarece, el aire huele a pelea.

Actualmente, ningún otro tema divide tanto a Alemania como la cuestión de los refugiados; por eso, en las discusiones al respecto las emociones se agitan con facilidad. Tan solo con dar un vistazo en las redes sociales, uno podría decir que hasta ahora los alemanes nunca habían reñido tanto, ni con tal ímpetu.

Las riñas, sin embargo, tienen mala fama. Hacen pensar en discordia, platos volando de un lado al otro, gritos histéricos. Pelear hiere y ofende a las personas, destroza la cooperación y arruina matrimonios: solo un choque banal con nuestra pareja basta para dejarnos “con gastritis” todo el día. Al mismo tiempo, sabemos que pelear puede tener un efecto terapéutico y ciertamente catártico. Pero, ¿qué es en realidad una riña? ¿Qué diferencia una pelea productiva de un agarrón sin sentido? ¿Y qué podemos aprender de esto para aplicarlo a nuestra democracia?

En alemán, por streit (pelea, riña, disputa, discusión) normalmente entendemos una discusión verbal acalorada. Ya la etimología del término indica cierta proximidad con la lucha física: en su acepción original, la expresión stirt, del alto alemán antiguo, significa “oposición”, “testarudez” o “escándalo”. Por su parte, la palabra griega eris se refiere a una discordia de cualquier...

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Thomas Vasek

Estudió economía y matemáticas y ha trabajado como periodista. Fue redactor del mit Technology Review, y editor en jefe de la revista austríaca Profil. Actualmente edita la revista de filosofía Hohe Luft.

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