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El Malpensante

Entrevistas

Mirar por la rendija

Un diálogo con Mircea Cartarescu y Cristian Patrasconiu

Uno de los frecuentes candidatos al Nobel confiesa su necesidad de llevar diarios, esos cuadernos por donde se cuela la luz.

                                                                  Ilustración de Cigarra Entinta

 Traducción del rumano de Miguel Ángel Gómez

Esta entrevista del periodista y profesor rumano Cristian Patrasconiu, con el reconocido novelista, poeta y ensayista Mircea Cartarescu, fue publicada en la revista Orizont con el título original “Secrete stiute, secrete nestiute” (“Secretos conocidos, secretos desconocidos”), a propósito de la aparición del cuarto volumen de los diarios de Cartarescu, Un om care scrie. Jurnal 2011-2017 (“Un hombre que escribe. Diario 2011-2017”). Mircea Cartarescu nació en 1956 en Bucarest, Rumania. Egresado de la Facultad de Lengua y Literatura de la Universidad de Bucarest, dio el salto a la narrativa con Nostalgia (1993), que se abre con el cuento “El ruletista”, traducido al castellano y publicado de modo independiente por Impedimenta, en 2010. Siguió con Lulu (1994) y con su monumental trilogía Cegador (1996-2007), cuyo primer volumen acaba de publicarse en español con el título de El ala izquierda.

Entre las obras de Cartarescu traducidas al español se destaca El Levante (1990, Premio de la Unión de Escritores Rumanos), poema escrito en plena dictadura de Ceausescu y publicado en español en 2015; también la novela Solenoide, escrita en 2015 y vertida al castellano en 2018, traducción recibida con mucho entusiasmo en el mundo hispanohablante.

Hasta hoy, la Editorial Humanitas de Bucarest ha publicado cuatro volúmenes de los diarios de Cartarescu: Jurnal I, 1990-1996 (2001), Jurnal II, 1997-2003 (2005), Zen. Jurnal 2004-2010 (2011), y el mencionado Un om care scrie. Jurnal 2011–2017 (2018). Para el escritor rumano, el diario es su piel de reserva, una envoltura escritural que alivia. A menudo, su verdadera piel le pesa como una escafandra y, según afirma, “entonces me lo quito y visto este tatuaje de palabras”. Los diarios sobre los cuales trata esta conversación aún no han sido traducidos al español, pero vale la pena conocer los puntos de vista del escritor acerca del ejercicio de llevarlos y, tal vez, hacer que esos volúmenes caigan en la mira de una editorial que quiera publicarlos en nuestro idioma.

Cristian Patrasconiu: El volumen de su diario Un om care scrie. Jurnal 2011–2017 cubre siete años. ¿Hay algo especial en esta cifra?

Mircea Cartarescu: Nada. La versión del diario en sueco cubre, por ejemplo, diez años y no siete. Es una simple convención, un modo de reunir de alguna manera un material amorfo –como forzosamente lo es cualquier diario– que luego se pone en cajas estandarizadas. Creo, ahora que lo pienso, que también elegí este lapso por otro motivo: después de siete años (el anterior diario fue publicado en 2011) el lector olvida el intervalo precedente y se le abre nuevamente el apetito. No puedo hacer más énfasis en que un diario no es una novela, en que se escribe y se lee de otra manera. El diario es esa lectura ideal que contiene toda la vida de un ser humano. Estás escribiendo una vida, y una y otra vez el lector la lee en el transcurso de la suya. Como no puede leer día a día, a medida que tú escribes, los intervalos que se publican deben ser largos para dar una sensación de continuidad de lo escrito a través de las décadas.

CP. ¿Cuál es el período más largo en el que no ha escrito un diario? ¿Podría hablar de un tipo de adicción con relación a estos cuadernos en los que hace esas anotaciones?

MC. Diecisiete años completos, cuando no tuve diario, y luego, después de que lo inicié, dos o tres meses. Por costumbre, no paso muchos días sin escribir. Escribo con frecuencia porque sé que si no lo hago, luego será más difícil ponerme al día. Cuando viajo al extranjero por menos de una semana no llevo el cuaderno conmigo, para no perderlo, así que escribo justo después de regresar. A menudo no logro contar todo lo que me propongo, porque entretanto aparecen otras cosas para anotar, y estas entran a competir con las anteriores. Es una lucha continua por el espacio que mi mente alberga en todas las direcciones, una especie de selección natural de hechos, pensamientos, sueños y experiencias. La mayoría muere sin dejar huella, sin ser, quiero decir, anotados de alguna manera. Queda la centésima parte de lo que uno quería decir, como en el proverbio de Nino Stratan: “No se puede vivir, se puede describir: / sobre uno y para mí”. Sí, es una adicción. Incluso si escribo ficción, también siento la necesidad de escribir el diario. Para mí, lo que hay allí es otra cosa, es algo más. Es el libro que escribo sin interrupción; es como se renuevan continuamente, sin que me entere, todas las células del cuerpo.

CP. Un om care scrie. Jurnal 2011–2017 es el primero de sus cuatro diarios en el que Facebook es, de alguna manera, un personaje. ¿Qué hace este gigante en su diario? ¿Lo disminuye, lo ayuda, lo subvierte? ¿En general qué provoca Facebook en aquellos que pretenden escribir verdadera literatura?

MC. No tengo idea qué es lo que hace en los demás. A mí no me hace nada. Para mí, Facebook no es algo importante, sino que es una bagatela, un juego. Es verdad que a veces necesito Facebook, cuando estoy muy aislado, por ejemplo. Pero no publico nada serio allí (aunque los gatos son figuras muy serias) o en cualquier caso nada de lo que escribiría en el diario. Al comienzo, temía que Facebook lo canibalizara, pero no fue así. Para mí, Facebook no es un diario, sino un cuaderno contable. Anoto ahí de manera seca, con fotos, lo que me ha pasado afuera en los últimos días, solo para no olvidar.

CP. Página 97: “Todavía recibo de arriba/de abajo un gran período de trabajo, otra oportunidad. Claro está que no la merezco, pero rezo por ella”. El período 2011-2017 es el de gestación y nacimiento de Solenoide. La plegaria fue escuchada. ¿Cómo son y cómo vienen estos “grandes” (quizás mágicos) “períodos de trabajo”?

MC. Tal como usted dice, ellos vienen. ¿De dónde y cómo? No lo he sabido nunca. Además, no están separados para nada de mi vida diaria. Salgo a caminar, leo, escucho música y de pronto empiezo a escribir, con la mayor naturalidad y sin premeditaciones. No es nada extraordinario, soy yo, es toda mi vida. La mayoría de veces escribo como tomando dictado, sin el menor esfuerzo. Empiezo algo, avanzo con perseverancia, luego termino y entrego el cuaderno a la editorial, a menudo sin volver siquiera a leer el texto. Retomo los paseos, las lecturas, la música y después de un tiempo empiezo otra vez a escribir.

CP. ¿Qué significa para el escritor Mircea Cartarescu el “pleno poder de escribir”?

MC. Esa es una pregunta difícil. Muchos autores han intentado metáforas como “escribir con todo el cuerpo” para algo que es muy difícil de definir, porque no es un concepto, sino un sentimiento. O, más exactamente, una especie de sensación, como si no sintieras sino que alguien siente por ti. A veces he hablado de la levitación de tu pluma sobre las páginas, sin tocarlas, así como se dice que el texto de los Diez Mandamientos brotaba de un dedo que se cernía sobre las tablas de piedra de la Ley. Pero es muy difícil expresar este sentimiento de la escritura “plena”. ¿Qué sientes cuando sangras? ¿Qué sientes cuando eyaculas? Eso es casi lo que sientes cuando la tinta fluye de ti.

CP. Página 288: “La verdad es que me imaginé el futuro de manera muy diferente. Creí que sería un hombre respetado a causa de la escritura, en un mundo donde la escritura era importante. Ambas premisas se derrumbaron”. Respecto a la primera parte, está usted, al lado de Gabriel Liiceanu, Andrei Ple?u, Horia-Roman Patapievici, y no solo, entre aquellos que han vivido en primera fila y de manera totalmente injusta los “años del odio”. Pero sobre la segunda parte: ¿por qué la escritura ya no es importante?

MC. También sentí en años anteriores la furia demoledora de los antiguos securisti[1] y de sus actuales discípulos de la televisión, los diarios y los foros. ¿Esperaba que me recibieran con los brazos abiertos? El odio viene siempre del sufrimiento. El mal le duele en primer lugar al que lo hace. Herí a estos hombres cuantas veces les mostré su maldad: por este motivo derramaron su veneno sobre mí. Si hubiera estado tranquilo en mi guarida, como casi todos mis colegas, no habría hecho nada. Así que ahora llevo mis heridas con una especie de orgullo, como las heridas de una guerra por la verdad. Lo que no te mata te fortalece, no puede ser más cierto. “¿Qué hicieron los intelectuales en todos estos años?”, escucho despotricar precisamente a aquellos que permanecieron en la guarida. “¿Por qué no levantaron las voces por nosotros?”. Justo eso fue lo que hicieron, y por este motivo tuvieron que sufrir tanto. Porque no hubo calumnia, mentira, ataque personal o gran ruina que no fuera arrojado sobre aquellos cuatro o cinco individuos débiles, que enfrentaron sin armas (excepto la conciencia de sus derechos) a los hombres más poderosos e inescrupulosos de Rumania desde la Revolución de 1989 hasta hoy.

¿Por qué la literatura ya no es importante? Aquí debería escribir un estudio completo. Pero, resumiendo: ¿qué libro de las últimas décadas ha sido leído con el asombro y gratitud con que se leyó alguna vez Cien años de soledad de Gabriel García Márquez o El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon? ¿Todavía existen semejantes libros? ¿Aún existen escritores de esta clase? ¿Todavía existen los lectores de entonces? Quizás sí, pero no tengo conocimiento de ellos. Creo que vivimos en una época literaria mediocre, sin orientaciones ni ambiciones, con libros que felizmente viven un trimestre y luego desaparecen para siempre. Las causas también tienen que ver con el agotamiento y los cambios traídos por la revolución tecnológica, y con la conciencia actual de la irrelevancia del autor.

CP. Tiene muchas anotaciones sobre la depresión en este diario. Son en especial anotaciones autorreferenciales. ¿La depresión es, en sí misma, un factor creador? O, si no es lo único, ¿qué debe venir, qué hay que añadir para que las experiencias y la vida vayan en la dirección de la creación?

MC. La depresión es como aquellas zonas de muy baja presión, en meteorología, que atraen las tormentas y los huracanes. Es un vacío interno que pide ser invadido para que el equilibrio se recupere a través del exceso y la efervescencia. Cuando estoy abrumado por la tristeza y la soledad sé que algo se acerca. No tengo nada más que hacer, de todas maneras, que esperar, porque en los estados de aflicción y duelo no puedes escribir. El diario es muy bueno en estos estados, ayuda muchísimo. Me es difícil entender por qué no todos escriben un diario. Es mejor que todas las pastillas del mundo, porque no solo tranquiliza la psique, sino el alma.

CP. ¿Cómo le gustaría que no fueran leídas las páginas que componen sus diarios?

MC. En la mesa, comiendo tostadas con mantequilla y mermelada, o con Nutella, porque se podrían ensuciar con eso.

CP. ¿No es más vulnerable cuando elige publicar sus diarios, y en particular este tipo de diarios?

MC. ¿Vulnerable frente a quién? Por supuesto, tengo cuidado de que mis terribles secretos no entren ahí, y tampoco sería posible, porque son tan secretos que no me los digo ni a mí mismo y, por tanto, no los sé. Y si no los sé, no los puedo escribir. He conocido a las personas más banales e insignificantes, preocupadas pensando que el GPS, el celular, el Facebook, etc., les roban secretos y les violan la intimidad. No dudo que sea así y cada persona tiene el derecho a la privacidad, por más burguesa que sea. Pero John Lennon y yo somos de otro club: “Everybody’s got something to hide except for me and my monkey”, canta él. Como el mono de Lennon, creo que me permito publicar los diarios sin temor.

CP. En el más reciente volumen de sus diarios, el cuarto (Un om care scrie. Jurnal 2011-2017), la novela Theodoros es mencionada muchas veces. Parece, cómo decirlo, una especie de soga de la que se cuelga. O, no sé, como un tipo de lámpara parpadeante. ¿Qué pasa con este proyecto?

MC. Es sencillamente un proyecto sin fin. Es difícil vivir sin planes aplazados de manera indefinida, porque sin ellos, ¿de qué más vives? Debes saber que siempre hay algo más por hacer en esta vida.

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1. Integrantes de los servicios de seguridad del Estado. (N. del T.)

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Comentarios a esta entrada

Jairo Fernández Fernández

Buenas tardes, soy suscriptor. ¿Cómo hago para ver el contenido digital?

Su comentario

Cristian Patrasconiu

Editor de la revista LaPunkt. Se ­graduó de ciencia política en la Universidad de Vest de ­Timi?oara y es profesor de literatura comparada en la Universidad de Bucarest.

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