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El Malpensante

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La parranda tiene nombre, se llama Roberto -El turco- Pavajeau

La sombra de un árbol es el escenario perfecto para este concierto de historias. En las del Turco florecen –casi siempre de parranda– los nombres de intérpretes legendarios, protegidos por su mecenazgo y la sombra de su quiosco. Tome asiento.

FOTOGRAFÍAS DE HENRY MOSTTER 

Plagiándole a Ribeyro un inicio que le envidio, puedo decir que a partir de cierto momento la historia de Roberto Pavajeau, “el Turco”, se confunde con la historia del vallenato. Nos damos cita en su casa, a un costado de la plaza Alfonso López que desde hace siete meses está en remodelación, cercada por esa lona verde de las construcciones. De entrada, me advierte que tuvo que pasar los muebles de la sala a las habitaciones para que no se dañen por el polvo que levantan las máquinas. En lo que andamos hacia el patio le digo que voy a escribir sobre el Festival de la Leyenda Vallenata para una revista. Me dice con suficiencia que por su quiosco han pasado todos los reyes, o al menos los buenos. Los dos patios internos están comunicados por una puerta de rejas metálicas por la que van y vienen pollitos de campo. Hay un árbol centenario plantado en cada patio. El primero, que suma sombra al quiosco, es un mamón macho con bombillos enredados como frutas para las noches de parranda, al que no se le ve la copa desde abajo. El otro es un matarratón que pudo haber pasado desapercibido de no ser porque el Turco me muestra esa foto que he visto muchas veces en Google; la tomó Gustavo Vásquez y en ella posan, de derecha a izquierda, Rafael Escalona, Hernando Molina Maestre, Gabriel García Márquez, Roberto Pavajeau –el papá del Turco–, Álvaro Cepeda Samudio y Clemente Quintero.

Apenas nos sentamos en el quiosco me dice que su memoria no está del todo bien. Me lo creo de entrada, pero luego empiezo a dudarlo por su seguridad al precisar ciertas fechas y al cantar ciertas canciones. En este punto pienso en la memoria y en lo triste que será ver terminada la plaza y que no coincida con la misma plaza Alfonso López que el Turco y yo conocemos desde hace al menos 26 años. El quiosco se levanta en el primero de los patios, de espaldas a una estatua del Sagrado Corazón que mira hacia el interior de la casa. Los brazos del Turco son robustos y lampiños. Me habla casi sin moverse. Seguramente la firmeza de su espalda y sus piernas es un claro resultado de haber pasado años enteros sometido a los rigores de la parranda: sentado como ahora, en una pose de...

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Luis Felipe Núñez

Escritor y abogado. En 2014 ganó el III Premio Nacional de Cuento La Cueva con ?Abrakadáber?, y en 2018 el Concurso Distrital de Cuento Ciudad de Bogotá con ?Frutas de duelo?. Sus relatos han sido incluidos en distintas antologías nacionales e internacionales.

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