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El Malpensante

Iceberg

El aperitivo

Una historia de suspenso sobre Lucky Peach

Hace unos meses contacté a Santiago Wills, un periodista colombiano que vive en Nueva York, para que investigara sobre el cierre de la emblemática revista culinaria estadounidense Lucky Peach. La vida de ese quarterly fue breve e intensa, y se cifró en 24 ediciones. Le faltaron solo tres para morir con los proverbiales números de las estrellas de rock, y aunque cosechó una cantidad de seguidores más modesta que aquellas, el culto fue lo suficientemente fuerte como para irradiar a algunos lectores en Colombia. LP subvertía los solemnes cánones de las publicaciones gastronómicas: esquivaba los lugares comunes con gracia, proponía un diseño audaz y satirizaba a la competencia con perspicacia (en especial a la muy seria Bon Appétit). Durante seis años, la revista congregó a varias de las voces más sobresalientes del mundo culinario, incluyendo un catálogo de chefs con estrellas Michelin que de un día para otro aprendieron a escribir como los mejores (bendita revista que todavía creía en contratar escritores fantasma y editores). Sobre todo, sus miembros tenían mucho humor, un ingrediente tan escaso y más precioso que el azafrán o las trufas blancas.

Los medios estadounidenses convenían en que el cierre de LP era una lástima, pero ninguno aportaba razones. Peter Meehan, su director editorial y cofundador, publicó en Instagram lo que a falta de mejores palabras llamaremos un “comunicado de prensa”, que comenzaba con el tono ominoso de los padres que les informan a sus hijos el inminente divorcio: “Lucky Peach está a punto de… verán, niños, mejor siéntense. Su madre y yo queremos decirles algo desde hace un tiempo”.

Con seguridad, la tal “madre” a la que se refería Meehan era David Chang, el chef empresario cofundador de la revista y su principal músculo financiero. El resto de la nota de Meehan era elusiva en cuanto a los problemas maritales (¿infidelidad? ¿aburrimiento?), pero las teorías de conspiración que se colaron entre los seguidores más afectados a nivel emocional por la ruptura hablaban de una disputa sobre independencia editorial.

Fue una pérdida para el mundo de la literatura y la gastronomía. Jonathan Gold y Anthony Bourdain eran parte del comité editorial de la revista, además de escribir en ella con regularidad. Ambos murieron de manera prematura en 2018, al año del cierre de lp, otro golpe –aún más duro– para quienes también adorábamos la sensible e irreverente forma en que ambos hablaban de la tan a menudo sosa actividad de comer.

Con todo esto en la mira, Santiago Wills aceptó el encargo de sacar los esqueletos del clóset, y contactó con paciencia y método a cada una de las personas que aparecían en la bandera de lp.

La primera en responder fue la jefa de prensa de Momofuku, la compañía de restaurantes de Chang y socia mayoritaria de la revista. Con un tono perentorio, la mujer le agradeció a Santiago su interés y le recordó que LP había cerrado, por eso recomendaba que El Malpensante “reconsiderara” cualquier cobertura minuciosa. Por supuesto, Chang no daría declaraciones.

Nos cerraban la puerta en la cara. Un gran inicio para una historia periodística de suspenso. Había además un drama amoroso de por medio.

Sobre cómo se conocieron, son muchas las versiones que Meehan y Chang han difundido, como corresponde a los buenos mitómanos (Meehan suele insistir que fue en un concierto: “Estábamos demasiado borrachos, pero Dave me ofreció una cerveza y comenzamos a hablar. A veces me arrepiento de haber conocido a David Chang. Pero nunca me arrepiento de esa cerveza”). La historia más verosímil es la que empieza con Meehan en la época en que escribía críticas culinarias para el New York Times. Un día se topó con el primer restaurante que Chang abrió: Momofuku Noodle Bar. Meehan entró, comió ramen y repitió la rutina eso de forma disciplinada por varios meses, antes de decidirse a escribir una generosa crítica que contribuyó al despegue del negocio. A partir de ese espaldarazo, Chang y Meehan se volvieron amigos y empezaron a trabajar juntos en proyectos en los que Meehan ponía su escritura ingeniosa al servicio del veleidoso carácter y la personalidad arrolladora de Chang, quien una década después se consolidaría como una figura muy mediática, al frente de un imperio restaurantero.

Sabiendo que todo buen reportaje comienza con las evasivas de los involucrados, alenté a Santiago a que siguiera escarbando, pero por mucho tiempo fue inútil: al fracaso inicial con Chang le siguió un ensordecedor silencio, además de otras cuantas negativas. Y luego vino una aparición que daba esperanzas.

A principios de este año, en pleno invierno neoyorquino, una ejecutiva de lp que pidió no ser identificada se reunió con Santiago en un café de Manhattan. La escena era propicia para este thriller o para un libro de Paul Auster. Desconozco si la mujer llegó con gabardina y gafas oscuras, pero miró con desdén la grabadora de nuestro reportero. Le contó que la revista estaba en su cúspide financiera al momento del cierre, y que este tuvo origen en lo que sospechábamos los chismosos: Chang se había encabronado con Meehan, así que decidió cortar el flujo de efectivo y partir caminos. Es llamativo que en esta época de crisis en los medios un proyecto editorial que daba muestras de rentabilidad y crecimiento tuviera que cerrar por otras consideraciones. Por añadidura, Chang hizo que el resto del equipo firmara un acuerdo de confidencialidad, así que el único que podía aclarar lo sucedido era el mismo Meehan. Si queríamos saber de qué iba la cosa tendríamos que convencerlo de hablar.

Santiago Wills insistió. Buscó al cofundador con terquedad y al final recibió un correo: Peter Meehan decía que sí, hablaría.

La intriga nos abrió el apetito y, al tiempo que se originó ese primer encargo, se nos ocurrió hacer una nueva edición de El Malpensante dedicada por completo a la culinaria, que cada vez toma más fuerza en nuestro país (algo que agradecemos los golosos). Hablamos con una buena cantidad de autores que estuvieron de acuerdo en honrar a Bourdain y a Gold con la forma de abordar el tema.

Con este pequeño abrebocas quiero introducirlo a un número que tiene todos los pasos para una buena cena en solitario, una seguidilla que usted puede consultar en el menú de la edición y que de seguro lo dejarán satisfecho. En cuanto a nuestro equipo editorial, mientras cerramos esta revista en la que se habla de manjares, independencia alimentaria y capacidad para hacer juicios de valor sobre lo que uno se mete a la boca, nos alimentamos principalmente a punta de café, papas en bolsa, pizza, más café y un ramen instantáneo muy lejano de los fideos de Momofuku.

¿Y qué pasó con la crónica sobre LP? Uno no debería concebir todo un número culinario inspirado por una revista extinta y para colmo no incluir el artículo dedicado ella. Pero así están las cosas, la historia de Lucky Peach sigue en desarrollo, así que esperen ampliaciones en los próximos meses. Pensemos en este editorial más bien como un aperitivo, o la controversial canasta de pan con mantequilla.

Pero como no solo de pan vive el hombre, lo dejo con el resto del menú.

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Karim Ganem Maloof

Abogado y literato, becario de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es el editor de la revista El Malpensante.

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