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El Malpensante

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Lo que anda y se arrastra por el suelo y es de comer

Sangre fría y lágrimas de cocodrilo, el autor nicaragüense presenta estas y otras delicias reptiles de su país.

Ilustraciones de Iván Cruz

En el Antiguo Testamento el libro del Levítico establece con toda severidad una lista de animales impuros que de ninguna manera pueden comerse, entre ellos aquellos que se arrastran por el suelo: “...comadrejas, ratones y toda clase de reptiles, como salamanquesas, cocodrilos, lagartos, lagartijas y camaleones”.

Los devotos levíticos, los ascetas religiosos y aquellos que muestran repugnancia por la fealdad de las criaturas que van por el mundo pecho en tierra se pierden de la fiesta culinaria donde la carne de estos animales entra de manera principal en los guisos, como ocurre en la cocina nicaragüense con las iguanas, garrobos, tortugas, boas, serpientes cascabel o lagartos.

 

Tiene de pez y de lagarto

Quiero comenzar, sin embargo, con uno que un día se arrastró y hoy habita las aguas del inmenso lago Cocibolca: el gaspar. Es una extraña especie prehistórica de Ictiosaurio, con 150 millones de años de antigüedad, contemporánea de los dinosaurios. La cabeza y los dientes son iguales a los de un lagarto mientras el cuerpo alargado es de pez, las escamas muy duras de material óseo, y en recuerdo de los antiguos tiempos puede sobrevivir hasta por veinticuatro horas fuera del agua.

Dice Pablo Antonio Cuadra en el poema “Septiembre”:

 

Mira el arcaico Gaspar, con su dentada boca de lagarto,

con la armadura de sus escamas impenetrables

–palimpsesto del oscuro Mesozoico–

vino del norte al archivo de tus aguas...

 

Hace años, yendo en panga del puerto de San Carlos hacia la isla Mancarrón en el archipiélago de Solentiname, donde Ernesto Cardenal tenía su comunidad campesina, nos acompañó a lo largo del viaje el ruido seco de la propela del motor rompiendo las corazas de los gaspares, pues en tiempo de celo se aparean a flor de agua.

Es cazado generalmente a machetazos, y su carne, consistente y grasosa, se vende salada y secada al sol. En su Elogio de la cocina nicaragüense, el poeta José Coronel Urtecho recuerda que “los gaspares se tendían a secar sobre la arena de la playa, junto a los ranchos de los pescadores, y se vendían como bacalao, especialmente en la Cuaresma...”.

El gaspar llega a los mercado...

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Sergio Ramírez

Además de escritor, abogado y político. Fue vicepresidente de su país en 1984, desde donde fundó la editorial Nueva Nicaragua. Recibió en Chile el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso.

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