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El Malpensante

Breviario

Recetas de salvación

Un micro perfil de Nitza Villapol

La chef más querida de la televisión cubana enseñaba a convertir el agua en aceite y las frutas en bistecs, apoyándose en el ingrediente secreto del buen cocinero: la imaginación.

Ilustración de Ximena Escobar

Entre los documentos que próximamente enviaré a la biblioteca de Princeton –diarios, primeras ediciones y cartas– incluyo la edición de 1988 de Cocina al minuto, de la autora y chef cubana Nitza Villapol. Este volumen narra nuestra resistencia culinaria, prueba irrefutable de la escasez de alimentos con la que crecimos en Cuba tras el triunfo de la primera revolución socialista de América.

La imaginativa chef, carismática mujer de ojos claros, tez muy blanca, pecas en las manos y dulce tono de voz, reconoció que su verdadero arte consistía en “invertir los términos a la hora de hacer la receta”, sustituyendo lo que esta llevaba originalmente por lo que llegaba al país en medio del desabastecimiento interno, los pésimos planes económicos, el bloqueo, el autobloqueo y los maridajes políticos de turno. Ella es hoy un referente imprescindible de nuestra cocina. La crisis continúa y, en medio de la carestía perpetua, sus paliativos y placebos siguen siendo nuestras recetas de salvación.

Nacida en 1923 en Nueva York, decidió vivir en Cuba, el país de sus padres, y anotarse a la aventura utópica de “los años duros”. La Nitza de mi infancia aparecía en pantalla acompañada por su asistente Margot, cada domingo a mediodía, en el canal 6 de la Televisión Cubana. Villapol hacía magia con casi nada, mientras Margot se volvía invisible recogiendo todo lo que la cocinera ensuciaba o desorganizaba a su paso. Esta curiosa relación me recordaba mucho la que conocí de pequeña en las casas cienfuegueras, donde los nietos de los esclavos empezaban a ser los criados de la sacarocracia cubana. Ellas, sin embargo, lo llevaban con mucha naturalidad en medio de una revolución en la que, en apariencia, “todos somos iguales”.

Los lunes en la mañana Villapol bajaba las escaleras de su departamento en la calle 17 entre G y H, el Vedado, en pleno corazón habanero, y se dirigía a la bodega de la esquina para enterarse de los víveres que nos darían esa semana entre los mandados del mes. Según los alimentos que el Estado nos repartiera a través de la Libreta de Abastecimiento, ella comenzaba a urdir su alquimia. ...

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Wendy Guerra

Su primera novela, Todos se van (2006), fue seleccionada como la mejor de ese año por El País de España, además de recibir el Premio Bruguera y el Premio Carbet des Lycéens en 2009; también fue llevada al cine en 2014 por el cineasta Sergio Cabrera.

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