Google+
El Malpensante

Breviario

Tú opinas, yo opino, todos opinamos

¿Demasiados columnistas o muy pocos periodistas en los medios colombianos? El autor aventura una respuesta.

© El señor Juanito

Los grandes diarios del mundo tienen un número reducido de columnistas fijos (New York Times: 11; Telegraph: 36; Washington Post: 26), algunos contribuyentes casuales que escriben sobre temas especializados y un ejército de reporteros, editores y fotógrafos que conforman los equipos de investigación. Estos últimos son los que contribuyen a buscar, redactar y difundir las noticias. Son la columna vertebral de los periódicos.

En Colombia, y en especial en El Espectador, la estrategia va por otro lado. Tienen un batallón de columnistas que suma 109 plumas de todos los colores –todo un pavo real– y una guerrilla famélica de reporteros que apenas alcanza para cubrir una noticia por fuera del perímetro urbano. Todos organizados bajo el eslogan de que la opinión es noticia.
Las noticias son hechos, y para escribir sobre hechos se necesita salir del escritorio, entrevistar, buscar en archivos, viajar al monte. Las masacres, los combates en pueblos perdidos o los robos al erario, por ejemplo, son hechos. Hechos que necesitan ser contados y analizados de inmediato y no diez años después, como ocurrió con la masacre de Trujillo, que solo fue noticia después de un informe de la CNRR. La opinión puede ser útil y entretenida, pero los hechos son sagrados, o eso decía C. P. Scott, el legendario editor de The Guardian.
Sobre el tema escribí una nota apurada en mi blog, y recibí una veintena de comentarios con opiniones diferentes. Como ocurre en estas discusiones online, los argumentos de los comentaristas llevaron la discusión por vertientes inesperadas. La primera reacción de quienes participaron fue celebrar la multiplicación de columnistas, la diversidad de opiniones, y quejarse de los viejos tiempos en los cuales solo tenían columna Abdón, Lucy Nieto y los amigos de los Santos.
Claro, antes las páginas de opinión eran aburridas y estaban dominadas por una cofradía de ungidos por el dedo divino de los dueños del negocio. La proliferación de columnistas amplió la participación de ...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Alejandro Peláez Rojas

Columnista de la revista online La Silla Vacía.

Noviembre de 2008
Edición No.92

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

Nuestro Archivo

1 de 4

Con una cruz basta


Por Gisela Kozak Rovero


Publicado en la edición

No. 208



... para señalar el declive de Acapulco, que no hace mucho fue el balneario más atractivo del mundo. [...]

Esto no es una manzana


Por Claudia Steiner


Publicado en la edición

No. 206



¿De qué manera la gran industria cambió nuestra vieja relación con los alimentos y los actos sociales de cocinar y sentarse a una mesa? [...]

Bitácora


Por Danielle Lafaurie


Publicado en la edición

No. 209



Un recorrido por los parajes que visitó Ruven Afanador mientras tomaba las fotos que componen este especial. [...]

Collage al borde del abismo


Por Camila Builes


Publicado en la edición

No. 209



El trabajo de Ruven Afanador se ha caracterizado por la ambigüedad de sus retratos. En cambio, esta nueva serie suscita preguntas: ¿habrá otra forma de presentar a Colombia en el ex [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores