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El Malpensante

Iceberg

Ruven Afanador, vintage 2019

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Corría el año de 1996 y estábamos afinando la primera edición de esta revista, cuando surgió el evidente reto de la carátula. Éramos neófitos y aún no nos habíamos inclinado por las portadas de ilustraciones –eso fue años después–, sino que pensábamos alternarlas con fotos. No soy fotógrafo, ni siquiera aficionado, y me veo en aprietos cada que tengo que tomar alguna, incluso con los celulares de hoy que facilitan tanto las cosas. Intuía, sí, que existe una conexión íntima entre la ficción literaria y las ilustraciones, que parten de una imagen real y la transforman, así como la ficción utiliza material de cualquier origen para armar y contar un cuento. A su turno, la fotografía tiene un claro parentesco con el periodismo narrativo, que utiliza lo real sin agregarle invenciones. Claro, en cualquiera de estos géneros se recurre a la técnica y todo pasa por el filtro de los artistas o los autores que organizan las cosas a su manera. Las fotos, como se podrá ver con claridad en esta edición, pueden ser híbridas e incluir claros elementos de ficción por la vía de las alteraciones y las yuxtaposiciones.

Apareció entonces Hugo Ávila, el primer director de arte que tuvimos, con una foto impactante. Sospecho que él, un fanático de Lenny Kravitz, conocía al fotógrafo porque era alguien que les tomaba fotos emblemáticas a algunos músicos, entre ellos a Kravitz. La foto que Hugo nos llevó la protagonizaba Tara Shannon, quien años después se casó y pasó a llamarse Tara Salomon. La imagen la muestra desnuda salvo por un espeso barniz negro que le recubre la piel. Tara tiene un cuerpo hermoso y está en una posición retadora, fumándose un cigarrillo. Es y no es una imagen de lo real. Sin tener que pensar mucho, uno sabe que fue fruto de una mise-en-scène, pues ni siquiera en la más loca de las fiestas Tara se pasearía por ahí desnuda y recubierta de un barniz negro. El lunar en la parte alta del pómulo izquierdo, ese sí es de verdad. Recuerdo que a mí la foto me encantó y tomé nota, por primera vez, de su autor, un tal Ruven Afanador, cuyo nombre no se escribe con b larga y no lleva tilde en la e porque va acentuado en la u.

A partir de entonces Ruven regresó con frecuencia a nuestras páginas. En noviembre de 2001, la edición 34 incluyó el prólogo a Torero, escrito por Héctor Abad, junto con numerosas fotos sacadas de ese libro. A raíz de la publicación del libro Sombra, en junio de 2004 publicamos en la edición 55 una larga entrevista de Mario Jursich con el fotógrafo. Ahí Ruven dice que para él la fotografía sin fantasía es inútil. Y en septiembre de 2009, cuando Rizzoli estaba a punto de sacar Mil besos, publicamos numerosas fotos de ese libro en la edición 101, junto con una breve reflexión.

En la ocasión presente todo empezó con la relación profesional y personal que une al fotógrafo con Rocio Arias Hofman, la encargada de la coordinación editorial de este número especial. Desde hace varios años, ambos comparten la pasión por la industria de la moda y trabajan en ella. Así, en abril de 2018, Ruven le mostró a Rocio la serie de seis imágenes que había tomado en distintos lugares de la geografía colombiana. Cada una de ellas tiene como protagonistas a un grupo de música o de danza del país. Viendo las imágenes, Rocio sugirió que sería ideal publicar la serie en una edición de la revista, dado el fortísimo vínculo que une a Ruven con el papel impreso, el mundo editorial y El Malpensante en particular. Él estuvo de acuerdo y se mostró emocionado. Más adelante vinieron las reuniones con el equipo editorial para evaluar la dimensión de la propuesta. Yo, como director, sugerí que lo adecuado era hacer una edición especial centrada en estas imágenes. Rocio propuso entonces solicitar textos inéditos a distintas autoras y autores cuyas plumas pudieran sentirse inspiradas por cada una de las imágenes. Karim Ganem y el equipo editorial procedieron a reunir, evolucionar y editar estas piezas singulares.

Citando en desorden, hay cuentos, crónicas y ensayos. Para su reflexión, Alberto Salcedo Ramos partió de la imagen tomada a los miembros de Systema Solar en las salinas de Manaure en La Guajira. Javier Ortiz Cassiani explora el sentido y los efectos de la diáspora africana a propósito de la foto que protagoniza el grupo ChocQuibTown en el desierto de la Tatacoa en el Huila. Juan Carlos Garay utiliza su lente de especialista para plantear las relaciones existentes entre la música y el yagé, a propósito de la foto en que aparecen en la Alta Guajira los miembros del grupo Aterciopelados. Marta Orrantia escribió un cuento inspirada en la imagen de El Colegio del Cuerpo tomada en el desierto de la Tatacoa en el Huila. Margarita Posada escribió otro cuento a propósito del amor y el baile, inspirada por la foto que Ruven le tomó al bailarín Fernando Montaño en Nabusímake. Ibsen Martínez, partiendo de la íntima unión geográfica que existe entre Venezuela y Colombia, armó su narración alrededor de los tepuyes que se destacan en la foto tomada en los cerros de Mavecure y protagonizada por Bomba Estéreo. Por su parte Paul Brito explora el trabajo del diseñador y artista Felipe Cuéllar, colaborador clave de esta serie. De esa manera se armó el número que también reconstruye los desplazamientos y las sesiones de trabajo de Ruven. Recopilamos una bitácora de viaje, que tuvo de productora responsable a Danielle Lafaurie.

Ruven –desde su regreso físico y emocional iniciado en los años noventa– ha ido decantando una mirada particular sobre la geografía física y humana del país. Puede decirse que, además de todo, él ahora también es un artista colombiano, en contravía de la noción, con la que uno a veces se cruza, de que es un expatriado, es decir, un emigrado. Su historia y su regreso están muy bien contados en el perfil que en este número le hace Rocio Arias Hofman, de modo que no los voy a repetir aquí, pero no sobra reiterar que Ruven se fue de su Santander natal a los catorce años, llegó a un pueblito diminuto de Michigan y por un camino tortuoso se volvió famoso desde antes de fundada esta revista y a un ritmo que ya quisiéramos nosotros, aunque solo fuera para un fin de semana. Hoy es, sin que ello admita la menor discusión, el fotógrafo colombiano –o nacido en Colombia, si quieren– más famoso del mundo. En muchos países lo buscan celebridades para que las retrate, sobre todo cuando el retrato va para la portada de una gran revista, como el que recientemente salió del dalái lama en Time.

Ruven es un fotógrafo para iniciados. La lista de quienes han pasado por su lente es larguísima y muy variada: Gabo, Oprah Winfrey, Emily Blunt, Ingrid Betancourt, Björk, Quentin Tarantino y no pare ni por un momento de contar. Ruven triunfó en la feroz selección natural que se da en la ciudad de Nueva York, donde casi todo el mundo queda tendido en el camino, pero donde las recompensas para quienes triunfan son inmensas.

Sin embargo, lo que aquí más nos interesa no es el fotógrafo de fama mundial, sino el artista colombiano dedicado en buena parte a recuperar sus raíces, una tentación que no es tan rara en quienes emigran de un país en la adolescencia. Y digo bien, “tentación”, pues la historia del mundo desarrollado está llena asimismo de gente creativa, genial y maravillosa que nunca volvió la vista atrás, salvo tal vez para decir “hasta la vista”. A lo largo de esta edición, Ruven logra mirar al país desde su arte como un fresco en el que surgen las miradas y brotan las voces y los matices que nos dan sentido. No necesita para ello enunciar un solo discurso político ni tiene ningún sesgo ideológico que uno pueda identificar.

En fin, no voy a contar aquí en palabras lo que los lectores pueden ver con sus ojos en el resto de páginas de esta revista. Solo agregaría que el hijo del relojero bumangués nos entretiene y, según decía por ahí alguien, la idea de una revista como esta es además de todo entretener y proponer contenidos inesperados. Buen provecho.

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Comentarios a esta entrada

FABIO ARTURO BARRERA NUÃ?EZ

Gracias. Ruven es un maestro para quienes nos fascina l fotografía. Efectivamente este byes de COLECCIÓN así en mayúscula

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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