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El Malpensante

Ficción

El amor es bailar

¿Quién dijo que el flow solo afecta a la carne y no al espíritu? Algunos pasos nos conectan con nuestro yo. Un yo cuya torpeza para este baile puede significar destreza para aquel.

© Fernando Montaño | Ruven Afanador | Marca País Colombia

 

Nunca antes Cristinita había entendido la respiración de las plantas como ahora. El latido constante se sentía en el aire, daba la vuelta y se convertía en un circuito incesante. Nada estaba quieto y, sin embargo, todo estaba en calma, cada quien haciendo lo suyo. El sonido del agua corriendo por la pequeña quebrada que bordeaba el camino de piedra, los pájaros, en una algarabía organizada, cadenciosa, cada insecto, sin saberlo, repitiendo su mantra al compás de algo mayor. Ella y Paula seguían un par de burros cargados de todo eso que nos pesa a los humanos y que aun así creemos que necesitamos llevar a todas partes. Los dos arhuacos que las guiaban iban en silencio, masticando, y tenían también un particular ritmo en su andar. No era el de los montañistas profesionales, sino el acompasamiento vernáculo de quien, desde tiempos inmemoriales, está yendo a alguna parte, siempre, siempre, siempre.

A veces ellas intentaban volver a esa conversación inconclusa que había iniciado hacía más de tres décadas, más exactamente desde el día en que Paula, que vivía cruzando la calle, se quedó con Cristinita en el colegio esperando a que la recogieran unos papás que nunca llegaron, porque cada uno estaba convencido de que el otro la recogería. Entonces se empezó a oscurecer más y más la tarde, y Paula le dijo tímidamente a Cristinita que podía venir a su casa si quería, y desde allá intentar localizar a alguno de sus padres. Pero Cristinita no llamó a ninguna parte y, en cambio, se sentó a la mesa familiar de Paula, y comió arepas de maíz peto recién molido, con chocolate caliente. Cuando vio a Paula ponerle mermelada a su arepa, levantó el labio superior hacia la nariz en un gesto de asco, pero acto seguido la imitó y probó ponerle mermelada a la suya. Cuál no sería la sorpresa de Cristinita al sentir en su boca aquel manjar: arepa blanca con queso fresco y mermelada de frambuesa. Era un gran descubrimiento que siempre le agradeció a Paula en secreto y que selló su amistad desde entonces.

Lo cierto es que al hablar se sentían ahogadas y...

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Margarita Posada

Autora de las novelas "De esta agua no beberé" (Ediciones B, 2005) y "Sin título [1977]" (Alfaguara, 2008). Próximamente publicará con la editorial Planeta su libro de no ficción "Las muertes chiquitas".

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