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El Malpensante

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La venganza de los salvajes

Los bárbaros siempre han encontrado la forma de rebelarse, de aprovechar con destreza su propia creatividad para quitarse los grilletes y abrir las sinuosas trochas que del otro lado prometen la libertad.

© ChocQuibTown | Ruven Afanador | Marca País Colombia

 

Entusiasmados con la expedición geodésica de 1735 que pretendía confirmar la forma de la Tierra, los cosmógrafos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa no olvidaron lo que simbolizaba para la humanidad que la experiencia científica más significativa del momento se llevara a cabo en América. La paradoja estaba instalada. Quién habría imaginado –se preguntaron en sus prolíficas memorias de viaje, publicadas en Madrid en 1748– que el conocimiento de la verdadera forma de la Tierra, hasta entonces “ignorada o controvertida”, ocurriría en aquellos territorios lejanos y poco conocidos. La Providencia –decían– quiso que el Nuevo Mundo compensara al mundo antiguo, al que debía su existencia civilizada, haciendo de espejo para que este comprobara su “verdadera figura”. América no era África, continente al que la expedición desestimó como laboratorio, entre otras cosas, por ser un espacio habitado por “bárbaros pueblos”, pero en el fondo Juan y Ulloa no dejaron de mirar este hecho científico como una especie de revancha de las tierras donde habitaba el salvaje contra las tierras civilizadas del Viejo Mundo.

Gran parte de la historia de la humanidad y de la identidad cultural de los territorios ha sido elaborada en el proceso de invención y reinvención de los llamados bárbaros. Unos, los que se reconocían como civilizados y escribían y controlaban los canales de difusión del conocimiento, crearon las metáforas para definir a los otros, los salvajes. Pero en este largo proceso, mientras pulían el lenguaje y afianzaban la dicotomía como aliada estética y alegórica de prácticas materiales de poder y control, no pudieron evitar que los salvajes usaran este lenguaje a su favor en la brega diaria por convertirse en sujetos sociales. Gracias a artilugios retóricos, las palabras que los nombraban, los mancillaban y los condenaban  también los liberaban. En una de sus investigaciones sobre raza y sociedad en el Caribe colombiano durante el siglo XVIII, la historiadora Aline Helg se encontró con un caso emblemático, ocurrido en Cartagena de Indias en 1796. Mar&iac...

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Javier Ortiz Cassiani

Es candidato a doctor en historia por El Colegio de México. Colaborador habitual de medios como El Heraldo, Arcadia y El Malpensante.

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