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Incesante dembow

O cómo el reguetón se convirtió en el principal producto de exportación de Medellín

No hay frontera que detenga el boom-chi-boom-chick del reguetón. Ni siquiera las montañas antioqueñas, en donde el género urbano se metió –des-pa-cito– por las faldas, aprovechando ciertas condiciones que aquí les contamos. Medellín es hoy en día la capital económica y creativa del perreo, duélale a quien le duela.

Ilustraciones de Cigarra Entinta.

Seis meses antes de reunirse en un atiborrado centro comercial con el papá de J Balvin, Dany Lee y Gabriel Molero se montaron en un bus de la empresa Expresos Flamingo en una terminal de Caracas. Cargaban apenas una maleta compartida, dos panes y 150 dólares donados por sus amigos. “Nos fuimos de Venezuela sin nada”, recuerda Lee, de 1,80 de estatura, con un cuerpo entrenado por horas de gimnasio y una barba a medio hacer que le confiere una extraña jovialidad a sus 33 años. Después de lanzarse al estrellato musical en su país cantando baladas y clásicos de reguetón de principios del siglo, y de asegurarse un papel menor en la telenovela para adolescentes Amor urbano en 2009, a Lee no le quedaba un peso en el banco y estaba listo para reiniciar su vida en Colombia. Molero, dos años menor, taciturno y de cuerpo aún más macizo, había pasado los últimos años en trabajos de medio tiempo: tocó música en el metro de Caracas, hizo striptease como miembro de un conjunto garoto, vendió fresas con un tío. Ahora, como integrantes del dúo de reguetón Daga, ambos tenían la mira puesta en el país vecino. “Sabíamos que Medellín era la base del reguetón, que de aquí salen todos los grandes y se exporta el sonido al resto del mundo –dice Lee–. Así que tenía sentido venir”.

El dúo se dirigió a la ciudad a pesar de temer su reputación. Para ellos, el fantasma de Pablo Escobar aún flotaba sobre el valle de Aburrá por culpa de la incesante maquinaria mediática que no deja de producir series, películas y libros sobre el exjefe del Cartel de Medellín. “Realmente sí íbamos un poco asustados por comentarios de terceros. Que nos iban a caer a puñaladas en el metro, que no confiáramos en nadie...”, dice Lee. Pero en vez de la caricatura de Medellín como una especie de narcometrópolis sanguinaria, Daga se encontró con una ciudad de 2,5 millones de habitantes que los recibió con “la buena vibra de sus personas y una excelente seguridad”. Sin contactos profesionales, en su primer día en la ciudad se subieron al metro para cantar. Ya se habían acostumbrado a esa rutina gracias al tiempo que pasaron, guitarra e...

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Christopher Tibble Lloreda

Fue editor de la revista Arcadia. Estudió cine y literatura en la Universidad de Monash en Melbourne, Australia, e hizo una maestría en periodismo cultural en la Universidad de Columbia.

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