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El Malpensante

Artículo

Las ventajas de no llamarse Guillermo

Nuevas Voces

Una broma infantil nocturna adquiere un cariz tenebroso cuando las víctimas acaban de sufrir el chistecito de un secuestro. 

Ilustración de Tom Deason.

Daba risa, tristeza y susto ver a la tía Mery asomada por su ventana gritando histérica:

–¡Hoy no, Mariadelaida! ¡Cualquier otro día sí, pero hoy no!

Y yo solo me atrevía a contestarle que José Roberto también estaba conmigo.

Un par de horas antes se había ido la luz y en la aburrición de la oscuridad, mi hermano y yo planeamos un acto terrorífico para asustar a nuestros vecinos, que además eran nuestros tíos y primos. Resulta que, en la habitación principal de su casa, ubicada en la segunda planta, había un par de ventanitas proyectantes que solo se sostenían por un par de bisagras adheridas a la parte superior del marco, sin ninguna cerradura o picaporte.

Entonces José y yo agarramos un guante, le metimos una linterna encendida y lo rellenamos de algodón; le pintamos una herida, lo embadurnamos con salsa de tomate y lo amarramos con un pedazo de encaje viejo y curtido al extremo de un palo largo de escobillón para limpiar techos. Era como una mano extensible pálida, herida y sangrienta, pero que además alumbraba. Y confieso que en realidad se veía muy miedosa.

Fuimos caminando los treinta metros que separaban nuestra casa de la de los tíos y muy cuidadosamente, desde el parqueadero, acomodamos la mano tenebrosa en una de las ventanitas, empujando suavemente el palo para abrir el bastidor hacia arriba. Entonces metimos la mano, agitándola en ademán de saludo, y enseguida la sacamos y la volvimos a meter para saludar otra vez. El acto de horror no duró más de medio minuto porque, para evitarles un infarto a quienes actuaban como orates pegando alaridos de pánico, a mi hermano y a mí nos tocó gritarles que tranquilos, que éramos nosotros. Y fue entonces cuando se asomó la tía a regañarme, histérica, diciendo que hoy no, que cualquier otro día sí pero que hoy no porque, ocho horas antes, ella, mi mamá, mis abuelos, el jardinero y las empleadas domésticas habían sido secuestrados por una recua de matones por culpa del “hijueputa don Guillermo”. Hoy, veintiocho años después, seguimos sin tener idea de quién es don Guillermo ni por qué fue tan hijueputa.

 

Esa mañana amaneció...

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Adelaida Vengoechea

Estudió su carrera en la Universidad Eafit y es especialista en negocios internacionales. Ha trabajado en la industria del turismo.

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