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El Malpensante

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El rastro de los libros

Marginalia de Pessoa

Una lectora de Pessoa compra en Mercado Libre una edición de la primera antología que se hizo del autor portugués en Latinoamérica. En la marginalia encuentra un camino que la lleva hasta el anterior propietario. Un puente entre Lisboa y Buenos Aires.

Ilustraciones de Juan Duarte.

Un día de junio de 2017, mientras hacía limpieza, encontré un artículo publicado años antes en el diario argentino Página/12. Se titulaba “De Pessoa a Pessoa”, lo firmaba el poeta Rodolfo Alonso y las primeras líneas decían así: “Los argentinos bien podríamos preciarnos de haberlo descubierto. O, al menos, de haber sido de los primeros en hacerlo. Mucho antes de que empezara su consagración, cuando hasta en Portugal era casi desconocido, en 1961 Fabril Editora publica en Buenos Aires la primera traducción de Fernando Pessoa en América Latina”.

Enseguida leí el artículo hasta el final y decidí buscar el libro para comprarlo. 

La editorial había desaparecido y el libro estaba descatalogado, pero en Mercado Libre –esa suerte de mercado de pulgas online– había tres ejemplares. El que más me interesó se ofrecía en buen estado e incluía –así lo indicaba el aviso– artículos de diarios y revistas que el dueño anterior había dejado entre sus páginas. Este último detalle me hizo pensar. Imaginé que los artículos estarían adheridos a las hojas con cinta –cosa que no me gustaba tanto, pero que podía tolerar– e imaginé también que me depararían algo que valdría la pena leer. En fin, compraría ese ejemplar básicamente por dos razones: porque se veía como nuevo y porque esos papeles que venían de yapa me intrigaban.

Lo que siguió fue un trámite rápido: la confirmación de la compra y los arreglos con el vendedor para concretar la entrega. El encuentro sería en el 700 de la avenida de Mayo, en una librería que ostentaba el curioso nombre de La Calesita.

Se sabe que un libro usado puede contener, y de hecho contiene, marcas de todo tipo: subrayados, anotaciones al margen, manchas de café, páginas dobladas o rotas, dedicatorias. También se saben los motivos por los que alguien decide deshacerse de un libro: falta de espacio, de dinero; falta de interés en conservar la biblioteca de un familiar desaparecido. Lo que no puede saberse (o lo que nunca se sabe) es todo lo que un volum...

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María Soledad Pereira

Ha colaborado con medios como Letras Libres, Internazionale y La Nación.

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