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El Malpensante

Ficción

El funeral más grande de la historia del mundo

El funeral de Michael Jackson, el 7 de julio de 2009, rebasó los 2.500 millones de espectadores. Eso lo convierte en la emisión televisiva más vista de la historia al superar en audiencia la transmisión de la llegada a la Luna de la misión espacial Apolo 11, en julio de 1969.

Ilustraciones de Aldo Jarillo.

MUERTO EN VIDA

Era la hora de la siesta en una clínica de puertas abiertas, de esas en las que uno puede entrar y salir a voluntad. Mi problema aquel año, pero también antes en 2005 y en 2007, y después en 2010, y de 2012 a 2016, era justamente ese: la voluntad. La había perdido y no la encontraba por ninguna parte.

Cuando los noticieros confirmaron la muerte de Michael, el rumor llevaba horas circulando. Hasta memes había, elevándose cómicos por encima del duelo. Y sin embargo, nadie era capaz de creerlo todavía. Seguro que ustedes tampoco. Era imposible que se fuera así, tan de repente, tan temprano.

Michael se había muerto y yo tenía una pregunta atragantada, desde hacía varios años, acá. Y había crecido tanto esa pregunta, que ya no era capaz de mirar sin verla o de pensar sin sentirla. Antes no hubiera tenido el valor de hacerla... la pregunta, pero me dije que había llegado la hora. Saqué mis pocas pertenencias del placard y me puse a llenar una valija sobre mi cama.

Un amigo, que conocía mi historia con Michael, intentó disuadirme.

Me dijo:

–¿Qué estás haciendo? Ya es tarde.

Dijo más, dijo:

–¡Está muerto!

Es verdad, pensé, el Rey está muerto. Me costaba mucho pensar, y la muerte de un rey anuncia un cambio de orden.

Con su cuerpo blando, mi amigo bloqueaba la puerta y mi nueva o renacida voluntad. “Amigo” no es la palabra justa para describir mi relación con él. Escribo esto y no puedo acordarme de su nombre. Compartimos habitación unos meses en aquella clínica, hablábamos horas tirados en la oscuridad y me vio llorar una vez.

Entonces dije:

–Nunca es tarde.

Era el tipo de frases que usaban los supervisores. La mayoría de las veces resultaban inocuas. Las menos, se sentía como atravesar un cementerio convencido de que nunca me tocaría a mí. Dije:

–Yo también estoy muerto. ¿Acaso no me ves?

Y él:

–¿De qué estás hablando, flaco?

Este amigo, cuyo nombre viaja ahora hacia la punta ...

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Tomás Sánchez Bellocchio

Es publicista, guionista y escritor. Hizo la maestría en escritura creativa de la Universidad Pompeu Fabra.

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