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El Malpensante

Iceberg

El país de las dos mil fosas

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El 3 de octubre de 2019 tuvo lugar la séptima entrega de los premios de periodismo que otorga la Fundación Gabo. Entre los muchos trabajos valiosos, nos llamó la atención uno de México, titulado “El país de las dos mil fosas”, que recibió el Premio Gabo en la categoría de cobertura. Marcela Turati, integrante del equipo ganador, compuesto por 24 personas de diferentes profesiones, leyó estas palabras al aceptar el galardón. Nosotros las reproducimos tal cual porque nos parece que, además de referirse a un trabajo ejemplar, se trata de un discurso conmovedor.

Para leer “El país de las dos mil fosas” basta con entrar a las páginas de adondevanlosdesaparecidos.org o a quintoelab.org. Los integrantes del equipo periodístico que realizó el trabajo son: Alejandra Guillén, Mago Torres, Marcela Turati, David Eads, Erika Lozano, Paloma Robles, Aranzazú Ayala, Alejandra Xanic, Mónica González Islas, Gilberto Lastra, Mayra Torres, Juan Carlos Solís (Q.E.P.D.), Ana Ivonne Cedillo, Gabriela De la Rosa, Sandra Ley, Pedro Pardo, Félix Márquez, Rafael del Río, Carlos Quintero, Daniela Rea, Carlos Manuel Juárez, Rodrigo Caballero y Pedro Zamora.

Ahora sí, el discurso.

“EL PAÍS DE LAS DOS MIL FOSAS”

Cuando empezamos esta investigación, fuimos a un pueblo en donde participamos de un ritual indígena que simboliza la resistencia en el cuidado de los bosques y la vida. El curandero que nos guiaba escuchó que empezaríamos un recorrido por fosas del país y nos pidió que no fuéramos, que sería echar vida a la muerte, energía buena a la mala. Pero comenzamos nuestro recorrido, intentando primero viajar a sitios donde hay fosas y que siguen estando prohibidos.

Y desistimos.

Somos reporteras y reporteros que llevamos años cubriendo la catástrofe de la desaparición de personas, acompañando a las familias que buscan, muchas veces incluso yendo con ellas al campo a buscar fosas clandestinas con instrumentos improvisados.

Nos preguntábamos cómo buscar con las familias desde el periodismo. Sentíamos que publicar sus testimonios ya no era suficiente, que era el momento de indagar las lógicas del horror, ante la necesidad de entender lo inexplicable: que en solo doce años más de 40 mil personas han sido desaparecidas.

Nos preocupaba que los restos de personas encontrados en esos entierros clandestinos se perdieran, que el gobierno los borrara de nuevo como muchas veces ocurre, que los desapareciera de la morgue, los enterrara o los dejara sin registro.

Con esa intención emprendimos este proyecto, que pensábamos sería cosa de un par de meses pero duró años de trabajo de hormiga, colectivo, colaborativo y multidisciplinario; desde distintas ciudades, sin dinero, solo con la urgencia de hacer ese registro que les tocaba hacer a las autoridades, pero que estas no hicieron.

Nos decidimos a desenterrar las cifras ocultas, sabiendo que son personas, y que cada número representa a alguien que nos falta y a una familia que está buscando sin descanso.

Nos enfrentamos a la burocracia construida para que no encuentres, para que te canses. Sentimos mucha impotencia, claro que nunca comparable a lo que la indolencia gubernamental les hace vivir cada día a las familias de los desaparecidos.

Pudimos arrancar información, muchas veces errónea o incompleta, a 24 de las 32 fiscalías del país. Tuvimos que pelear para obtener la respuesta correcta, preguntar a otros periodistas por las fosas borradas de los registros oficiales.

Así, hicimos este reportaje y los mapas que ilustran el resultado de la fallida política de la guerra contra las drogas. “El país de las dos mil fosas” da cuenta del número de fosas encontradas en cada estado, en cada municipio, el número de cuerpos, el número de personas identificadas.

Cuando lo presentamos nos acompañaron algunas madres y otros familiares dedicados por años a esa búsqueda. Uno de ellos, Mario Vergara, que con herramientas artesanales y conocimientos del campo busca a su hermano, dijo al ver el mapa que esa es la prueba de lo que ellos siempre han dicho sin ser escuchados: que México es un país de fosas. Al final de la presentación, una madre nos pidió ver en detalle un punto en Durango, y remontarnos específicamente a 2011; quería saber cuántas fosas fueron encontradas en ese período. Su hija desapareció ese año en ese estado y nuestro reportaje podría ser una pista adicional para buscarla.

Supimos que algunos colectivos de víctimas usaron nuestro trabajo para exigir a las fiscalías de cada estado la información que tenían y que ocultaban. Notamos también el silencio de tantas otras personas, porque se trata de un trabajo doloroso.

Para nosotras es la forma que encontramos de hacer visible la catástrofe que estamos viviendo. Nuestra propia excavación en esas fosas.

Al recibir este premio, es difícil festejar sobre la tragedia. Es difícil festejar este trabajo que duele tanto a tanta gente. Por si las dudas y para no herirlos preparamos estas palabras. Porque también nos sentimos contentas. Contentas por ese espíritu colaborativo entre periodistas. Por el aprendizaje colectivo, aun con los tropiezos. Porque aprendimos también a cuidarnos entre nosotras, a escucharnos y saber cuándo era tiempo de parar y cuándo era momento de publicar.

Encontramos la ayuda de Quinto Elemento Lab para dimensionar lo que habíamos logrado y que el trabajo no quedara en el anonimato, que tuviera impacto.

En estos meses murió Juan Carlos Solís, nuestro amigo y cómplice de proyectos, que nos ayudó con el primer intento de mapa interactivo. Mataron a la líder comunitaria indígena Lupe Campanur, que nos acompañó en el ritual inicial.

Hubo periodistas que entraron y salieron en los dos distintos intentos y etapas. A todos les agradecemos la colaboración.

Teníamos la urgencia de publicar (alcanzamos a documentar casos hasta 2016) porque la vida también se abría paso y se imponía. Decimos que tuvimos un “deadline emocional”, no solo por lo árido que es escribir sobre fosas, sino también porque Ilán, este bebito que ven aquí con una de nosotras, ya quería llegar al mundo y nos hizo recordar que hay que honrar la vida.

Este premio va para las familias que buscan, por permitirnos caminar a su lado documentando el poder del amor, por humanizarnos. Va para los periodistas que todos los días van a fosas y registran el horror. Y por ese deseo de seguir haciéndolo sin perder el sentido de lo que hacemos, para qué y para quién lo hacemos.

Estamos agradecidas con los periodistas colombianos que han sido nuestros maestros, enseñándonos cómo cubrir la violencia vista desde la perspectiva de las víctimas. Para que cuando la justicia sea posible, cuando en México la hagamos posible, esta información sirva para encontrar a las personas desaparecidas y darles un entierro digno, y para que los crimenes no queden impunes y no se repitan.

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Marcela Turati

Fundadora de la Red de Periodistas de a Pie y miembro fundador de Quinto Elemento Lab. Fue galardonada con el Premio de Excelencia de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

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