Google+
El Malpensante

Breviario

La herencia de la abuela

Un cuento de la iniciativa Nuevas Voces.

Ilustración de Miguel Otálora.

Mi primer recuerdo de abuela es verla mientras mataba un pollo con sus propias manos, asfixiándolo con la frialdad de quien hace fuerza para abrir una botella. Abuela era una mujer que amaba a su familia con lealtad de leona. Sin embargo, abuela también odiaba mucho. Odiaba a mi abuelo, que la había dejado. Odiaba a mi tío, que se había ido a los Estados Unidos endilgándole a sus dos hijos. Abuelita nos odiaba a todos un poquito. A mí me odiaba por tener que cuidarme, porque mamá andaba en todo menos pendiente de mí. También me odiaba por comer desordenada y lentamente: primero las verduras, después la carne y por último la harina.

–¡Cómete todo rápido, niña! –me decía–. Ya me estás aburriendo.

Abuelita no tuvo chance de aburrirse de mí del todo porque debió cuidar también al resto de nietos que sus hijos e hijas dejaron tirados. A nosotros nos tocó un poquito de su amor y un poquito de su odio. Un poquito de ese amor controlador que se va quedando contigo hasta que te mueres; que se queda en tu cabeza, debajo de ti y adonde vayas. Ese amor que te dice: “Ni se te ocurra, mija, porque te estoy mirando”.

A mis veintiocho años, veintidós años después de haber visto a abuela matar al pollo, asistí a su velorio. Todos los nietos y algunos de sus hijos estábamos ahí para darle un último adiós. Cajón abierto, como ella quería. Flores tropicales en Bogotá, como ordenó, y el salón oliendo a su perfume preferido de Yanbal. Aníbal y yo estuvimos a cargo de la tarea fúnebre. Ninguno de los dos quería pero sabíamos que nos tocaba. Nos levantamos temprano y fuimos, armados de los dos frascos que abuela dejó antes de morir. Rociamos y rociamos hasta que casi nos quedamos sin perfume. Aníbal, me cogió la mano en un momento y me dijo:

–Para, vamos a quedar oliendo a abuela toda la vida.

Yo le cogí la mano de vuelta y le sonreí tímidamente. Era la primera vez que me demostraba su amor en público; así no hubiera nadie alrededor, me alcancé a emocionar. Él se volteó y me soltó la mano como diciendo: “Ni se te ocurra”.

&ldqu...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

María Alejandra Barrios

Magíster en escrituras creativas de la Universidad de Manchester. Ha publicado en medios digitales como Hobart Pulp, Reservoir Journal y Jellyfish Review.

Octubre 2019
Edición No.212

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

La piel del agua


Por Juan Carlos Garay


Publicado en la edición

No. 210



Tras ver la portada de nuestra edición 198, un colaborador se percata de una metáfora recurrente en la historia gráfica, desde el surrealismo español de Dalí hasta l [...]

Ajiaco caliente


Por Kevin Nieto


Publicado en la edición

No. 206



Una receta para la sopa desencadena una persecución en la época de la  violencia bipartidista. [...]

La continuidad del barro


Por Paul Brito


Publicado en la edición

No. 209



Elemento esencial en las  indumentarias de este especial, en el barro el artista Felipe Cuéllar encontró la plasticidad necesaria para sus creaciones, “a medio camino entre el [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores