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El Malpensante

Breviario

Argos y Ulises, perros viejos

Ulises vuelve a casa después de veinte años de andar vagando, y su perro, que es menos callejero, es el primero en reconocerlo. ¿Cuántos años tendría el can al momento del reencuentro?

 

Ilustración de Santiago Guevara.

Está claro que la historiografía ya ha debatido apasionadamente la veracidad de distintos pasajes homéricos. Uno de ellos, quizás de los menos discutidos a la fecha, es el que Eduardo Galeano acertó en llamar “la fundación literaria del perro”, el cual instala una problemática en apariencia sencilla, pero de complicada resolución con las fuentes disponibles: ¿pudo Argos, el perro de Ulises, sobrevivir y esperar veinte años para recibir de vuelta a su amo en el pórtico de la casa? ¿Y por qué esa posibilidad constituye un hecho central en el desarrollo de la literatura occidental? El reencuentro entre Ulises y su perro puede parecer intrascendente. “Es un mito”, han objetado historiadores. “Es un elemento menor en la trama de la Odisea”, han dicho críticos literarios. Ni los unos ni los otros han comprendido el alcance que puede tener la verificación del reencuentro entre el canino y su heroico dueño.

La cuestión estriba en la edad de Argos. Los biólogos insistirían en que el reencuentro fue posible, pues no es infrecuente que perros de varias razas lleguen a tal edad. Sin embargo, el concepto de raza, de aparición posterior, es inútil para este problema. Homero no lo conoció y para él, seguramente, un perro no era más que un perro. Así que Argos era un perro sin determinaciones específicas, que perfectamente podría tener veintiuno o veintidós años en la escena del reencuentro, pues para reconocer a Ulises tendría que haber jugado y convivido con él al menos uno o dos años, cosa de haberse formado un recuerdo certero y dulce de su amo. Es una cuestión de sentido común: si Argos hubiera sido un cachorro de apenas unos pocos meses a la partida de Ulises, no habría podido recordar a su amo. Si hubiera tenido más edad –tres o cuatro años, digamos–, habría tenido veintitrés o veinticuatro años al momento del retorno y entonces estaríamos hablando de un perro de ficción, hipótesis que el presente ensayo rechaza con vehemencia. Tenemos, pues, un perro viejo que espera tranquilamente a su amo. O bueno, no tan tranquilamente porque, sin duda, después de dos décadas de vida es probable que tuviera alguno de sus s...

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Jorge Francisco Mestre

Cursa la maestría en escritura creativa de la Universidad Nacional de Colombia. Ha colaborado con El Malpensante, Bacánika y el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República.

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