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El Malpensante

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El cerco entre orillas

En 2012, la Corte Internacional de Justicia, en La Haya, redibujó la frontera oceánica del archipiélago de San Andrés. Solo entonces, luego de veinte años de litigio con Nicaragua, el Estado colombiano emprendió la disputa real sobre los kilómetros ya perdidos. ¿Qué argumentos y voces debería tener en cuenta para armar su defensa de cara a los pleitos en curso, y para enfrentar las consecuencias de su negligencia?

Ilustración de María Carolina Ramírez

 

Cuando digo en el continente que soy de San Andrés, sé que en el horizonte asoma la nube de una conversación sobre coyuntura social y política que rápidamente puede degenerar en el diluvio de una cátedra de historia. Nos ocurre a todos los isleños. Al anunciar que somos del Caribe –que en Colombia evoca imágenes más bien ingenuas–, en nuestro interlocutor surgen los fantasmas de las vacaciones pasadas y los bellos recuerdos de un furor de compras exentas de IVA. Luego también llueven nuevas quejas y reclamos por la decadencia de un destino turístico que hasta hace poco no tenía cubrimiento en medios nacionales, y que ahora aparece representado en las pantallas, bien sea por gobernantes que enfrentan juicios por peculado, o por los atracos a turistas y el narcotráfico, entre otras pesadillas.

¿Cómo podemos hacer comprensible la situación actual de un archipiélago que antes se disputaron grandes imperios marítimos y por el que, más recientemente, Nicaragua y Colombia se han enzarzado en una lucha jurídica? La belleza natural de las islas mayores de San Andrés y Providencia, de 27 y 17 kilómetros cuadrados respectivamente, su cultura exotizada, su idioma (el creol), y su herencia idiosincrática tan distinta de aquellas de la Colombia continental, provocan una fascinación superficial difícil de traspasar; debemos lograr profundizar en una crítica a los relatos oficiales de un país centralista. ¿Cómo explicarle a un continental las ventajas y dificultades de un archipiélago que comparte límites con cinco Estados caribeños? Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Jamaica son los vecinos con quienes compartimos viejos caminos, hoy obstaculizados por fronteras políticas renovadas cada siglo.

Más allá de la debilidad estructural de la gobernabilidad local y de las tensiones sociales y étnicas en las islas, la geopolítica regional es el factor principal de nuestro desbalance, aunque no siempre seamos conscientes de las implicaciones de nuestra ubicación geográfica –ni tampoco parece serlo el Estado colombiano–. Tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 2012, tras el cual Colombia perdió 75.00...

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