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El Malpensante

Artículo

Anancy en la literatura oral afrodescendiente

Cuentos en versiones de Fabio Eusse

 

Para corregir a los niños traviesos, en la isla tienen a una araña mucho más astuta y truculenta que el Coco. Mitos y leyendas isleñas para peladitos hiperactivos.

© Noni Lichtveld • Tomado del libro Het Grote Anansiboek

 

El personaje de Anancy, que surgió en la cultura akán de África, hace parte inseparable del acervo cultural de los afrodescendientes del mundo. Aunque hay varias versiones de esta tradición oral, lo cierto es que todas coinciden en que Anancy subió al cielo para apropiarse de las leyendas que explican el origen del universo y las relaciones entre los hombres. En otras palabras, Anancy se robó un conocimiento divino. Desde entonces, su función en la tierra ha sido la de contar alegorías en las que ella participa, dando siempre al final una enseñanza a manera de moraleja. Entre los akanes, contar los relatos era una cuestión que se abordaba con la mayor seriedad, pues se consideraba que la palabra tenía efectos mágicos. Se pensaba que el dios Nyame era el autor de todas las historias y que las había tenido bajo su custodia. Los cuentos eran verdaderas entelequias vivientes y los narradores eran simples transmisores de algo que estaba en la dimensión de lo sagrado.

No en vano, por respeto a lo dicho, en la cultura originaria los cuentos solían escucharse al amparo de la oscuridad. Pero además, quien echaba estas historias procuraba ofrecer una disculpa a modo de introducción. Aclaraba que no pretendía contar lo que diría a continuación y que él no era el autor, pero en todo caso lo relataba. Era una declaración necesaria para proteger al narrador del atrevimiento de tomar y modificar la historia original de carácter divino.

Vale la pena señalar que los contadores de cuentos africanos eran verdaderos juglares con una gran licencia sociopolítica y religiosa. El contador podía tomarse la libertad de abordar tabúes. Estaba facultado para cuestionar ciertas creencias religiosas; podía criticar impunemente las decisiones del rey y su familia; discutir los temas cotidianos, juzgar y condenar a los infractores, siempre bajo la protección de las historias que, siendo creadas por un mismísimo dios y transmitidas por Anancy, no eran susceptibles de censura política, religiosa o social. Se podía denunciar, por ejemplo, la corrupción de un dignatario religioso y la crueldad de un jefe tribal o del rey sin exponerse a represalias. Sobre todo si el contador anteponía a su re...

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Quince Duncan

Un doctorado honoris causa le fue otorgado en 2001 por el St. Olaf College de Minnesota. En 1978 recibió el Premio Editorial Costa Rica por su novela "Final de calle", y en 1979 fue galardonado con el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría.

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