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El Malpensante

Artículo

Zapatero a sus zapatos

El arte de Salvatore Ferragamo

De estrellas de Hollywood a dirigentes fascistas, quien quisiera estar a la altura debía optar por su calzado. Esta es la historia de un creador que llegó a la cumbre de la alta sociedad mundial a punta de mirar hacia abajo.

Ilustraciones de Fiorella Ferroni

 

Hacer zapatos, ¿un oficio menor?

Producto simple, artesanal, hecho a mano, como el de los herreros, los tintoreros, los curtidores, el zapato fue un aditamento útil y necesario, estaba allí en función y en sustancia. La historia documenta sin embargo numerosas excepciones a lo largo de los siglos en que ese artefacto fuera concebido como un producto de lujo y de especial diseño: en el siglo XII, la reina Leonor de Aquitania le encomendó a su amante y árbitro de estilo de la corte, el trovador Bernard de Ventadour, que diseñara suntuosos vestidos largos de amplia cola y ligera caída, imposibles de lucir sin su complemento adecuado, un hermoso calzado. Bernard mandó fabricar esto último en cueros dúctiles y hormas puntiagudas. Bellos pero incómodos; los pies de las damas comenzaron a sufrir, signo evidente, se pensaba, a la vez de elegancia y devoción religiosa. Se afirma que de ese diseño de Bernard podría provenir un tipo de calzado conocido en inglés como court shoe, cuya traducción literal sería “zapato de corte”, y en español llano “zapato de vestir”. Una atribución que bien puede advertirse en alguno de los innumerables y maravillosos modelos diseñados por Ferragamo, por ejemplo el confeccionado entre 1948 y 1950, aún en muy buenas condiciones, de alto tacón Luis XVI –ligeramente curvado– en ante negro perforado en el frente y con tiras irregulares de charol gris claro incrustadas en los costados; un modelo casi idéntico, aunque lejano en el tiempo, a otro par, modelo Fiamma, manufacturado asimismo en Italia y realizado entre 1928 y 1930, que exhibe las mismas tiras irregulares, pero un poco más gruesas y confeccionadas en cabritilla color tabaco. Si se cotejan ambos modelos, es fácil advertir las semejanzas y ligeras diferencias (el ancho del tacón, el grosor y la forma de las incrustaciones), reiteradas en la ficha técnica que los cataloga y los clasifica como objetos artísticos, a la manera en que hoy se hace con otros tipos de objetos de uso cotidiano: la ...

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Margo Glantz

Doctora en letras hispánicas de la Universidad de la Sorbona. Fue agregada cultural de la embajada de México en Londres. Profesora visitante de Harvard, Berkeley y Yale. Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (2010).

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