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El Malpensante

Artículo

Tres intentos por lograr una definición del mal gusto

¿Es mejor llevar un cocodrilo en la camisa que unos leggings con estampado de leopardo?

Ilustración de SakoAsko

 

He pensado mucho en esto. El mal gusto es vivir bajo el supuesto de que la belleza tiene una función específica, que limpia la mierda del mundo como lo hace el Lysol con el hongo entre las baldosas.

Hace muchos años vi en un reportaje –que no he podido recuperar– una imagen del papel higiénico en una de las mansiones de Rodríguez Gacha. Era la época en que los narcos andaban comprando todo tipo de inmuebles. Gacha acababa de adquirir el castillo Marroquín y un artista lo convenció de embellecer el papel higiénico para sus baños. Así fue como decidió imprimir en los rollos la Venus de Botticelli. Se trataba de una imagen oscura –la tinta se corre fácil en un papel tan permeable–, de un verde profundo con vetas de oro; los rasgos no se distinguían con claridad. Pero sin duda era un trabajo de impresión formidable: cada hoja, una Venus. Mierda, Botticelli; más mierda, más Botticelli. No se trataba de una declaración kitsch de Gacha... no hay en el mal gusto aquí descrito un dejo de ironía. El mafioso realmente buscaba un efecto embellecedor y no pensó en las complejidades del proyecto. Es poca la gente que sabe convivir en armonía con la belleza.

Yo por ello sostengo que tener mucho dinero es una forma de mal gusto, tanto para quienes lo consiguieron hace poco como para quienes lo heredan. Pasa con estos últimos lo mismo que en el caso de Gacha pero invertido. Los millonarios de “plata vieja” no quieren ostentar: los Rolls-Royce y las joyas exuberantes son para los “nuevos ricos”, quienes están dispuestos a ir hasta el extremo de la indiscreción para lucirse. Pero para quienes han crecido con la cuchara de plata en la boca, no hay necesidad de Botticellis. Su casa misma es “bella” y “despojada”, a menudo minimalista como los utensilios para hacer sushi. Proyecta una imagen desprovista de ornamento. Cuentan que Karl Lagerfeld tenía la forma que tenía porque alguna vez se tragó un paraguas y siempre conservó la prudencia de no oprimir el botón para no abrír...

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Roberto Palacio

Ha colaborado con medios como SoHo, Carrusel, Bacánika y Arcadia. En 2018 publicó su último libro, "La vida erótica de los filósofos", bajo el sello Libros Malpensante.

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