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El Malpensante

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Un lanzamiento de otro mundo

Cómo hicimos el disco de oro de las Voyager

Traducción de Juan Carlos Garay

Las famosas sondas espaciales lanzadas en 1977 son como palomas mensajeras. En su pico llevan un mensaje para los extraterrestres: en este planeta somos seres vivos que se alimentan, se reproducen y escuchan canciones de blues cuando se sienten tristes.

 

El pequeño planeta que habitamos orbita alrededor de una estrella mediana, a unos dos tercios de distancia del centro de la galaxia. Esto es más o menos el punto donde comienza la segunda canción de un long-play. En términos cósmicos, somos diminutos: si en verdad la galaxia tuviera el tamaño de un disco de vinilo, el Sol y todos sus planetas cabrían en un átomo. Y sin embargo hay algo expansivo dentro de nosotros. Tanto así que hace cuatro décadas construimos una cápsula del tiempo que llenamos con música y fotografías de la Tierra y la arrojamos al espacio exterior. De hecho, hicimos dos.

Esas cápsulas del tiempo fueron en realidad un par de discos fonográficos que iban a bordo de las sondas espaciales gemelas Voyager, lanzadas en agosto y septiembre de 1977. Las naves pasaron trece años haciendo reconocimiento de los planetas que giran más lejos de nuestro Sol, enviándonos datos e imágenes de una belleza incomparable. En 2012, la Voyager I se convirtió en el primer objeto de fabricación humana en salir del sistema solar al atravesar esa zona donde el flujo de partículas solares se ve refrenado por la energía del espacio interestelar. Hoy las sondas están tan lejos que sus señales de radio, viajando a la velocidad de la luz, tardan más de quince horas en llegar a la Tierra. Cuando arriban, su fuerza es inferior a la milmillonésima parte de un vatio: una señal tan débil que las tres antenas de rastreo interplanetario de la Red del Espacio Profundo (en California, España y Australia) tuvieron que ser expandidas para mantener el contacto.

Si uno estuviera sentado sobre la Voyager I en este momento –lo cual sería incómodo pero posible, ya que la nave tiene el tamaño y la masa de un automóvil compacto– no tendría ninguna sensación de movimiento. La estrella más brillante a simple vista sería nuestro Sol, un punto luminoso en la parte baja de la constelaci&o...

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Timothy Ferris

Fue periodista y editor de Rolling Stone. Ha publicado una docena de libros, "Coming of Age in the Milky Way" (1988) le valió una nominación al Premio Pulitzer. En 1986 fue candidato para viajar en el transbordador espacial Challenger.

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