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El Malpensante

Música

¿Sueñan los DJ con arterias eléctricas?

Un productor alemán de tecno ha logrado hacer de su brazo biónico un instrumento musical que puede controlar con su mente, hazaña que lo ubica en el pináculo de la historia de la música electrónica y su búsqueda por franquear los límites humanos.  

 

© Cortesía de Bertolt Meyer

 

 

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El brazo derecho de Bertolt es como cualquier otro. Cada hueso, cada articulación, cada músculo irrigado de sangre y mensajes nerviosos está en su lugar y en su justa proporción; es una extremidad convencional que cumple a cabalidad cada una de sus funciones. Pero su otro brazo es una antípoda: en vez de nervios, hay cables y electrodos; en vez de músculos y huesos, una resistente aleación de aluminio y acero, en la que convergen decenas de conexiones eléctricas. En ese brazo izquierdo la carencia ha sido remediada con tecnología de punta; una mejora relativamente reciente en su vida. Cuando a Bertolt le preguntaban de chico qué quería ser cuando grande y respondía que bombero, uno de sus compañeros decía que no existen bomberos con un solo brazo. Desde los tres años, Bertolt usó una prótesis rudimentaria que con el tiempo canjeó por esta mucho más sofisticada, conectada a su torso de manera no invasiva a través de electrodos ubicados en su bíceps. La prótesis, que puede girar 360°, le ha dado dedos y la posibilidad de moverlos, de agarrar un vaso de agua, pasar con suavidad las páginas de un libro, acariciar un rostro, pero también de convertirse a sí mismo en un instrumento musical. 

El video de su transformación se ha hecho viral. En él, desde su estudio de grabación, en Chemnitz, Alemania, Bertolt desconecta parte de su prótesis biónica e instala varios cables con los electrodos disponibles. Los cables se conectan directamente a un sintetizador modular, una suerte de procesador analógico de audio con el que puede construir sonidos, modificar su timbre, su tono y sus texturas. Entonces, de manera intempestiva, empieza a sonar un arpegio que Bertolt apuntala con impulsos nerviosos, sin usar las manos. Y así su brazo se ha convertido en un instrumento. Como si Paganini se hubiera amputado del hombro para abajo y, en el vacío resultante, hubiese instalado la madera sinuosa de su Stradivarius. 

 

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Santiago Erazo

En 2019, recibió el Premio Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia. Ese año publicó su primer libro, el poemario "Una llaga en el cielo" (Premio Nacional de Poesía Obra Inédita de la Tertulia Literaria de Gloria Luz Gutiérrez). Es asistente editorial de El Malpensante y bajista de Incendiariat, grupo de postmetal.

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