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El Malpensante

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Drácula, versión rumana

Traducción de Miguel Gómez Mendoza

El vampiro de Bram Stoker dista mucho de su posible referente histórico, Vlad el Empalador, el príncipe que mantuvo a pulso la frontera con el Imperio otomano, y que sirvió como símbolo para la consolidación de la nación rumana. El comunismo prohibió la novela irlandesa, pero tras la caída de la Cortina de Hierro los rumanos se encontraron ante la sorpresa de un héroe nacional convertido en colmilludo chupasangre.

Ilustración de Francisco Carrillo

 

Drácula es Rumania: he aquí una historia complicada y equívoca. Los extranjeros vienen con frecuencia a Rumania para ir detrás de las huellas de este famoso personaje. Sin ninguna exageración se podría decir que él se ha convertido en el más célebre de los rumanos. Solo Ceau?escu podría pretender igualarlo. La mayor parte de los habitantes del planeta, que no saben nada (o casi nada) de Rumania, conocen al menos estos dos nombres. Un dúo muy inquietante, cuya naturaleza da un pequeño escalofrío. 

Sin embargo, los rumanos han descubierto muy recientemente la existencia de este compatriota transilvano. Solo después de la caída del comunismo, este entró, más o menos, en la conciencia colectiva, e incluso con muchas reticencias. El curso de la novela de Bram Stoker en Rumania es prácticamente inexistente antes de 1990. De hecho, el tema del vampiro en general está muy poco presente en la literatura rumana. Entre las excepciones notables figura el poema “Strigoii” (es decir, “Los vampiros”), publicado en 1876 en la revista Convorbiri Literare por Mihai Eminescu, el gran poeta nacional de Rumania; es la historia de un príncipe que encuentra muerta a su prometida, y pasa con ella al universo nocturno de los muertos vivientes. Se destaca también la novela de Mircea Eliade La señorita Cristina, publicada en rumano en 1936 y muy conocida en su versión francesa. 

Se debe tener en cuenta también la difusión tan limitada, y además tardía, de las literaturas anglosajonas en Rumania. Hasta la instauración del comunismo, la jerarquía era muy clara: la literatura francesa ocupaba de lejos el primer lugar (por el número de traducciones y de obras leídas en la lengua de origen); la literatura alemana, en segundo lugar, llegó hasta la Primera Guerra Mundial, pero su influencia disminuyó posteriormente. Las traducciones de las literaturas anglosajonas se multiplicaron en el período de entreguerras, en particular gracias a los novelistas exitosos de la época: Somerset Mau...

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Lucian Boia

Profesor de la Universidad de Bucarest. Su trabajo es un punto de referencia para analizar la historia de Rumania y de Europa. Algunas sus obras traducidas al español son: "¿El fin de Occidente?", "Hacia el mundo de mañana" (2015), "La tragedia alemana" (2018) y "El juego con el pasado. La historia entre verdad y ficción" (2019).

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