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El Malpensante

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El barrio

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Se veían como una pareja tan decente. Sonrientes, bien vestidos, gente bien. Querían ensayar un Civic. Mo Reyes (su nombre verdadero era Modesto, pero utilizaba el de “Mo” por razones de negocios) estaba cerrando la venta de un Toyota Celica. Así que les entregó las llaves y les dijo:

—Vayan, den una vuelta.

Iban radiantes y le dijeron adiós con la mano al salir del local. Mo volvió al cliente del Celica y terminó el trámite.

Pasó una hora. Pasó otra. Y otra.

Cuando iban a cerrar, Mo fue a ver a Chick, su jefe.

Una vena gruesa y azulosa le brotó a Chick en la frente y le saltaba como un gusano furioso.
 
—No les habrás ENTREGADO LAS LLAVES ASÍ NO MÁS, ¿o sí?
 
 
Mo se bajó del bus en la esquina de la Quinta y Lehigh. Estaba oscuro y se sentía agotado. El gélido viento levantaba pequeños remolinos de basura: envolturas de dulces, colillas de cigarrillos, quintos de lotería que no habían tenido suerte. Pasó por edificios llenos de graffiti y prenderías protegidas con mallas de seguridad. Una explosión de música salsa brotó de un auto bajito, una prostituta vivamente maquillada movía las piernas desnudas para calentarse. Sobre una cama de cartones, tapada con periódicos, yacía una forma rígida, inerte. No se sabría que era un ser humano si no fuera por los pies.
 
Mo se subió el cuello del abrigo para protegerse del viento. Empezó a sentir punzadas en los dedos y en las orejas. Necesitaba un carro. Un tipo de cuarenta y cinco años sin carro... ¡Qué miseria! Ésa había sido una de las razones para aceptar el trabajo en Car City. Se suponía que recibir un “demo-car” era parte del trabajo. Pero luego le salieron con que tenía que pasar un mes de prueba, que se habían vuelto dos y luego tres. Y después de hoy —pensó en la vena azulada de Chick— quizás no sería nunca.
 
Maldita sea, parecían una pareja tan decente.
 
 
Un aviso con la pintura cuarteada se balanceaba sobre la fachada de la tienda San Juan, ahora propiedad de unos coreanos, aunque todavía vendían plátanos, yuca, cilantro y arepas. Mo abrió con su llave una puerta rajada y astillada a consecuencia de un reciente intento de robo y, evitando pisar varias factur...

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