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El Malpensante

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Pasado y futuro de la economía de los carbohidratos

El texto que sigue es una versión editada del original y su lección, tan sencilla como audaz, es que los problemas económicos no se deben abordar de manera perezosa. Los filones productivos están donde uno menos los espera.

Hace menos de 200 años, las economías de las sociedades en proceso de industrialización se basaban en los carbohidratos. En 1820, la sociedad americana utilizaba dos toneladas de origen vegetal por cada tonelada de origen mineral. Las plantas eran la materia prima indispensable para la producción de tinturas, compuestos químicos, pinturas, tintas, disolventes, materiales de construcción e, incluso, energía.

Durante los 125 años que siguieron, los hidrocarburos y los carbohidratos lucharon por la supremacía en la industria. Gases de carbón mineral alimentaron los primeros sistemas de iluminación urbana. Alquitranes derivados del carbón se usaron en las primeras industrias de tintura sintética. El algodón y la pulpa de madera condujeron a los primeros plásticos y textiles sintéticos. En 1860, el etanol derivado del maíz figuraba entre las sustancias químicas más vendidas y, hasta 1870, la madera generaba cerca del 70% de la energía en Estados Unidos.
 
El primer plástico fue un bioplástico. A mediados del siglo XIX, una empresa inglesa que fabricaba bolas de billar calculó que a la tasa en que se estaban sacrificando elefantes, la oferta de marfil llegaría a su fin muy pronto. La empresa ofreció un premio para quien descubriera un producto similar al marfil, pero derivado de una materia prima más abundante. Dos impresores de New Jersey, John e Isaías Hyatt, se ganaron el premio con un producto derivado del algodón que bautizaron “colodión”.
 
Irónicamente, el colodión nunca se usó para fabricar bolas de billar: este plástico, cuyo nombre científico es nitrato de celulosa, se conoce popularmente como la pólvora de algodón y es un explosivo de bajo poder. En la primera tacada de una partida de pool, al dar la bola blanca contra las demás, se producía un fuerte chasquido, y esto trajo confusiones, disparos y muertos en cantinas donde los parroquianos no sólo estaban bebiendo sino que a veces iban armados.
 
La gente, sin embargo, encontró usos alternativos para el colodión, en la fabricación de cajas de dientes y de botones. Más tarde, un nuevo plástico derivado del algodón y bautizado “celuloide” dio lugar a la fotografía. Hasta el día de hoy muchos en la industria hablan de las películas de celuloide, aunque Steven Spielbe...

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