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El Malpensante

Breviario

Flamenco de retorta

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Hace algunos meses, en Holanda, prendí la TV para ver si había algo que valiese la pena. Y en un canal alemán encontré flor de reportaje donde presentaban a una joven andaluza cantando y bailando sevillanas acompañada por un caballo jerezano de la más fina estampa. Cada vez que la joven gritaba “¡Eso! ¡Ole!”, derrochando a manos llenas —y como programada por una célula fotoeléctrica— esa gracia salerosa made in Andalucía, la tierra de María Santísima y el Cristo de los Faroles... qué decir sino que se me revolvían las tripas y volvía a experimentar una vez más la sensación que Valle-Inclán llamaba “la vergüenza zoológica”.

Poco tiempo más tarde, ya en Alemania, pasaron también por la TV un espectáculo de 45 minutos, con Joaquín Cortés bailando flamenco (bueno, lo que con toda seguridad él y sus acólitos, que son muchos, llaman flamenco) en un importante teatro de Londres, no recuerdo si el Covent Garden o el Royal Albert Hall. Fue la primera vez que vi a este nuevo genio de la danza, según los medios, y atando cabos con lo ya sufrido en Holanda me pregunté varias cosas:
 
¿Hasta cuándo se va a seguir considerando flamenco, por ejemplo en este caso concreto, la interpretación —en clave de música aflamencada— de un código gestual tomado en préstamo al racista Michael Jackson? Y cuando digo racista tengo muy en claro que mister Jackson lo es, a contrapelo: él no quiere ser negro y ha invertido una considerable parte de su fortuna en la desafortunada tarea de blanquearse. Me pareció formidable el comentario de un periodista de la TV americana, a propósito del seno derecho puesto al desnudo por una hermana de mister Jackson durante la final del Super Bowl: “Por lo menos en un caso, la cirugía ha conseguido resultados estéticamente presentables dentro de dicha familia”. Pero sigamos con el catálogo de preguntas acerca del baile flamenco.
 
¿Cuál es la necesidad al parecer intrínseca de que cantaores, bailaores y tocaores del flamenco actual se nos presenten siempre mostrando caras de mafiosos con hemorroides? ¿O de que las bailaoras y cantaoras —curiosamente la emancipación feminista no ha conseguido todavía que se clonen tocaoras de postín— también se nos presenten siempre como hemorroísas en el momento más doloroso de sus respectivos flujos sa...

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R Bada

Escritor y radiodifusor. Escribe para el diario El Espectador

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