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El Malpensante

Breviario

Humor y teología

El fino humor londinense demuestra que la distancia entre ateos y creyentes puede sortearse con un poco de ironía.

Richard Dawikins, en una fotografía de 2004. © Colin McPherson. Corbis

Con cierta periodicidad la gente culta se hace lenguas sobre la importancia que para la humanidad han representado el empirismo y el humor ingleses. Londres, ciudad de parques, de ventiscas, de callejuelas que evocan cosas extrañas, de taxis únicos que parecen de juguete y de románticas casetas de teléfonos públicos a la vera del Támesis, ahora ve que sus autobuses rojos de dos pisos llevan adherido un cartel que reza: “Dios probablemente no existe, deje de preocuparse y disfrute de su vida”. La campaña, estimulada por una periodista, está respaldada por Richard Dawkins, un biólogo de la Universidad de Oxford que está dedicado a impulsar el ateísmo con base en bestsellers de profusos tirajes y millonarias ventas: El gen egoísta y El espejismo de Dios.

La campaña por el ateísmo, en contra de las más cuidadosas previsiones, ha rebasado todos los cálculos. A la tesorería de la Asociación Humanista del Reino Unido están entrando euros y libras esterlinas a rodo, y los organizadores palpitan de la dicha. Solo aspiran, según afirman, “a un país, una escuela y un gobierno laicos”.
No quiero imaginar lo que una publicidad de esa naturaleza desataría en Colombia. Desde la estampida de beatas entrando al alba bajo sus chalinas, como sombras, por la puerta de las iglesias, hasta el repique de campanas y el ruido desgarrado de las vestiduras de los falsos cristianos y los negociantes impúdicos revestidos de monjitas de la caridad. Trepidarían los púlpitos, los gobernantes se pondrían la mano en el pecho confundiendo la fe con la patria y con el corazón, todos conceptos ambiguos cuando se trata de acercarse a Dios, y a los niños de colegio, por si acaso, les dirían que quien ose montar en esos buses endemoniados tiene garantizada la perdición de su alma, la cual se hallará, al final de los tiempos, achicharrada sin compasión en lo más hondo de los calderos del infierno.
En Londres, sin embargo, la reacción de la clerecía ha sido típica del talante fino de su gente mejor educada. Los líderes religiosos han dicho que “apoyan a todo aquel que promueva sus ideas a tr...

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Álvaro Bustos González

Es columnista de El Meridiano de Córdoba

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