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El Malpensante

Breviario

Ditirambo a la nevera

Unas líneas dedicadas a la nevera, ese aparato que, como pocos, encierra tanto calor de hogar. 

© Corbis

Sería milagroso que de repente entendiéramos cómo funciona un artefacto hogareño, pero la razón natural nos dice que éstos se burlan de nosotros. A menudo lanzan pistas falsas, hundimos el otro botón, hasta que al final, resignados, terminamos operando todo en la función básica. Así es como las máquinas domestican al hombre y hasta ganan partidas de ajedrez.

En esta loca carrera de progresos solo las neveras se resisten a ser inteligentes. Por más que insistan los diseñadores en ponerles pantallas, censores de tomates o internet, ellas se han ranchado como sureñas a negar la evolución.
Mientras tantos objetos mal diseñados resultan frustrantes para el usuario, la nevera resulta tan amigable que hasta soporta que pongan a secar en su espalda los tenis húmedos y las medias. Nos auxilian con la buena memoria de sus puertas, donde leemos avisos como: “llamar al banco”, “botar la basura”, “descongelar el pollo”, y con las fotografías de amores imposibles más otros recordatorios de mal gusto que no hemos podido tirar a la basura por razones sentimentales.
El nombre de nevera es preferible al de frigorífico. Se heredó del método más rústico que consistía en almacenar nieve en pozos para conservar víveres. A los encargados de este trabajo se les llamaba neveros. Pero nunca eran suficientes para abastecer la demanda de hielo. Así fue hasta que la ciencia descubrió la manera de comprimir gas y luego expandirlo para producir frío.
Por más que insistan los noveleros del diseño, una nevera no tiene que parecer sofisticada. Su cerebro se reduce a un termostato. Y aun así son las máquinas más pensativas, serviciales y mansas de la creación humana. Desde que se inventaron no han hecho otra cosa que conservar. A diferencia de las lavadoras, que se agitan por toda la casa mientras exprimen sus trapos, aquéllas son tercas en su posición y por eso se les considera las más conservadoras. 
A pesar de que ronronean todo el tiempo como si estuvieran digiriendo la comida que guardan, poco interfieren en el sosiego hogareño. Antes bien, son la compañía predilecta de muchos solteros y quizás la única que éstos toleran. En el fondo de sus ...

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