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El Malpensante

Artículo

Boxeando con mi sombra

Durante dos años el autor con­versó, comió, caminó con el ex campeón mundial de boxeo Kid Pambelé, y entrevistó a sus conocidos y familiares. El re­sul­tado será pu­blicado próxi­mamente por Random House con el título El oro y la os­curidad. Aquí presentamos, a manera de aguinaldo navideño, el epílogo del libro.

Invitado Festival Malpensante 2009

Cuando vuelvo a la mesa de la cafetería, frente al Parque Bolívar de Cartagena, lo encuentro sentado en la misma silla donde lo había dejado. No se percata de mi regreso porque está reconcentrado escribiendo algo en una hoja suelta que yo mismo le di un poco antes de ausentarme.

Me le acerco por la espalda, aprovechando su descuido, y entonces descubro que el trozo de papel está todo borroneado con las mismas dos palabras repetidas hasta el delirio:
 
 
Kid Pambelé
Kid Pambelé
Kid Pambelé
Kid Pambelé
Kid Pambelé
Kid Pambelé
Kid Pambelé
(...)
 
 
Le pregunto cuál es la razón por la cual ha escrito su nombre tantas veces. Sonríe de un modo que me recuerda el gesto de algunos niños cuando son pillados en una falta. Sin embargo, no dice nada. Se empina su vaso de limonada, responde con la mano izquierda el saludo de un peatón. Después rompe el papel sin mirarme y arma una pelota con los retazos. Me pregunta si puedo darle otra hoja.
 
—¿Por qué escribiste tu nombre tantas veces?
 
Pambelé sigue en silencio. Lanza la pelota de papel hacia una caneca que se encuentra dos mesas más allá de la nuestra. Pero no atina en la embocadura. Uno de los meseros, que no nos ha quitado la mirada de encima en toda la mañana, le pide que se quede sentado y se ofrece a recoger la bola y echarla a la basura.
 
En la cafetería, ubicada en una terraza al aire libre, no hay ni diez clientes. Muchos transeúntes saludan al pasar o se detienen en nuestra mesa, como acaba de hacer este vendedor de lotería que nos sugiere comprar una fracción terminada en siete. Mientras Pambelé hojea el talonario, el lotero lo examina con ese descaro típico del caribe. Cuando ha terminado la inspección, suelta el diagnóstico sin recatos de ninguna índole.
 
—No joda, champion, te veo bien. Estás un poco llevao pero tienes buen semblante.
 
Pambelé le mete un puñito juguetón en la barriga, suave, muy suave. Sonríe. Dice que esos números son malísimos. Vuelve a sorber su limonada. El vendedor insiste en que el siete puede ser una buena opc...

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Comentarios a esta entrada

e 1

Excelente relato. Lástima que sea de la decadente vida de un excelente deportista al que la gloria lo derrumbó.

Su comentario

Alberto Salcedo Ramos

En 2011 obtuvo su quinto Premio Simón Bolívar por el artículo 'La eterna parranda de Diomedes'.

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