Google+
El Malpensante

Literatura

La cuota humana

 A propósito de El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince

Héctor Abad Faciolince • © Cortesía Alfaguara


Durante su infancia, Héctor Abad Faciolince quería que su padre lo llevara a conocer un muerto. El doctor Héctor Abad tenía acceso al anfiteatro de la Facultad de Medicina en Medellín, Colombia, y podía brindarle el raro privilegio de presentarle un cadáver.

Pasaron años antes de que el doctor juzgara que su único hijo varón había madurado lo suficiente para mirar los ojos de la muerte. Como suele ocurrir, el futuro escritor quedó horrorizado cuando al fin se acercó a un cuerpo inerte.

Esta anécdota condensa la trama de un libro portentoso, El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. En 1987, el niño intrigado por conocer un muerto encontró el cuerpo de su padre, acribillado por dos sicarios. Durante veinte años, el autor siguió el precepto de Horacio Quiroga de no escribir bajo el imperio de la emoción. Aguardó el momento –incierto y acaso imposible– de recuperar el dolor como si perteneciera a otra persona. El olvido que seremos es el sitio de excepción donde los verdugos son convocados por una voz que no admite el rencor. Esta sobriedad apuntala la ética del libro y su fuerza emocional (el sufrimiento no deriva de los desahogos del autor, sino de lo que el lector siente al comprender la historia).

El doctor Abad fue un incansable luchador social. Como médico, impulsó campañas sanitarias y privilegió la prevención de las enfermedades a su curación. Siempre cerca de los pobres, se opuso a empresarios y políticos con el temple del utopista Fourier, dispuesto a lograr que el océano tuviera sabor a limonada.

Calumniado por la prensa, muchas veces amenazado, el doctor prosiguió su aventura. Tuvo varias oportunidades de instalarse en el extranjero, como consultor de organismos internacionales, pero no quiso alejarse de los suyos en el peor período de la violencia colombiana.

“Era igualito a como lo describe Héctor”, me dijo el cineasta Víctor Gaviria, autor de Rodrigo D y La vendedora de rosas, que nació y vive en Medell&iacu...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Juan Villoro

Ganó el Premio Herralde en 2004 por su novela 'El testigo'. Su última publicación es el ensayo 'Balón dividido'.

Marzo de 2008
Edición No.84

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Las hormigas


Por Germán Téllez


Publicado en la edición

No. 211



Un arquitecto que ha dedicado su vida a proteger el patrimonio construido alerta sobre cierta peste omnipresente: los turistas, capaces de inmolarse y destruir lo que haya a su paso con tal de tomarse [...]

El festival internacional de cine sin Cartagena


Por Teresita Goyeneche


Publicado en la edición

No. 203



¿Por qué uno de los eventos cinematográficos más longevos e importantes de Latinoamérica no promueve el trabajo de realizadores de Cartagena, la ciudad que le sirve [...]

El Sudao de Piangua de Maria Daicy Cáceres


Por


Publicado en la edición

No. 206



Para 4-8 personas, según el apetito de los comensales [...]

Alejandro Durán, el rey que se destronó a sí mismo


Por Mariamatilde Rodríguez Jaime


Publicado en la edición

No. 205



De las manos curtidas del Negro salieron tantos arrullos de amor como notas de rebeldía, canciones de protesta contra otros reyes menos musicales y más injustos. [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores