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El Malpensante

Breviario

El asesino es...

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El cine de Hollywood tradicionalmente no ha sido un buen terreno para la impunidad. Son pocos los asesinos que en sus películas han logrado escapar de la justicia humana o divina. Los protagonistas, ya sean representantes del establecimiento o entusiastas civiles que defienden la ley, están en la obligación de demostrarnos a los indefensos espectadores que por lo menos queda un lugar seguro en el mundo y que, a diferencia de la cruda realidad, en la pantalla el transgresor será castigado.

Tiene que existir, eso sí, un vacío necesario para la supervivencia de los géneros clásicos. Un salvoconducto para criminales en favor de las buenas películas de gángsters —donde una suerte de entropía se encarga de aplicar su propia forma de castigo— y las sagas de terror, que deben inspirar un miedo que trascienda los tribunales y amenace con la reaparición de un ser temido y sobrenatural, del que no nos podrá defender la policía. Unos pocos de los que gustan de quitarle la vida al prójimo en la pantalla grande, sin echar mano de justificaciones morales ni patrióticas, cuentan en el sistema con un margen necesario para salirse con la suya.
 
A veces uno que otro inocente debe ser sacrificado sin posibilidad de resarcimiento. Lo sabemos y lo aceptamos en nuestro propio beneficio, porque nada sería más triste que ver a Jason, el asesino en serie de Martes 13, irse para siempre esposado en una patrulla de un sheriff pueblerino. Resultaría patético presenciar cómo Hannibal Lecter, el caníbal más apreciado del cine, termina sometido por un vulgar comedor de donuts envalentonado por su placa policial.
 
No hay que entrar en una larga enumeración de escenarios permisivos. Todo espectador reconoce cuándo se requiere un asesinato impune. Se trata de una cuestión de lógica. O de moral. Como se prefiera. Y por esa misma razón cualquiera sabe también en qué momento se debe exigir el castigo para un asesino. O como mínimo, cuando la trama justifica la escapatoria, el develamiento de su identidad. Más aún si hablamos de una película que tiene como protagonista a un detective encargado de resolver un misterio. Es justo.
 
Por eso resulta tan irritante que sesenta años después nadie nos sepa decir quién mató a Owen Taylor.
 
Y no es que el pobre chofer haya sido asesinado en una película experimental francesa de los años sesenta, donde poco importa el nom...

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Andrés Burgos

Es el autor de 'Manual de pelea', 'Nunca en cines' y 'Mudanza'. En 2012, realizó su primer largometraje 'Sofía y el terco'.

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