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El Malpensante

Poesía

Un sol apenas

Un poema de Pedro Serrano

© Jordi Elías. Corbis

Abro mis brazos

como dos plumas dilatadas.

Se mueven
porque las articulaciones siguen ahí,
como un collar de cuentas,
inseparables. Se mecen.
Abro mis brazos como si cantara.
La voz se aplasta en el cristal
como un niño en un coche que hace muecas.
Abro mis brazos como si cantara
y quiero levantarlos a los cielos,
sentir el aire, tocar su pan hermoso.
Abro mis brazos, los subo, los bajo.
Abro mis brazos contra el aire
como si el aire fuera arcilla
y levantara cuerpos y levantara
vida, y levantara amores en el aire.
Polvo levanta el aire. Y bueno,
mis brazos.
Polvo levanta el aire
como si el peso muerto del aire
consistiera,
contuviera.
¿Y mis brazos? Levantan aire y aire
como arietes inútiles.
Dan vueltas mis brazos.
Doy vueltas por supuesto yo con ellos.
Mis brazos, yo. Vueltas y vueltas en un jardín
hasta caer mareado,
mi cuerpo sobre el pasto.
Toco entonces el suelo con las manos.
El pasto raspa, las manos sienten.
Me acuesto entonces en el pasto
para sentir el sol,
me ilumine de inmenso,
me renueve.
Me siento con los dos brazos apoyados.
Froto y froto mis manos contra el pasto.
Para que sientan, digo, para que sean.
¿Por qué estoy en el pasto, por qué
sacudo mis brazos como escobas,
por qué
me caigo?
Como muñeco de trapo, pues.
A estas horas de lo real,
en que no hay pasto ni jardín ni aire
sino la noche oscura
y escribo metido en mi piyama y mi cama,
a estas horas de lo real y de la vida,
me describo como un muñeco de trapo,
o un niño en un jardín,
un remolino que cae hacia la luz
y la tierra,
cae
y se asienta.
Es decir me describo sin ton ni son
–y luego hablo de lo real.
Siento que así, en piyama,
quizás no se me vaya el cuerpo,
pulverizado, en el aire.
No se vayan la...

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Pedro Serrano

Fue fundador de la revista de literatura Cartapacios.

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