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El Malpensante

Viajes

La Amazonia perdida

Traducción de Felipe Escobar

Un buen día Richard Evans Schultes desapareció de Harvard y vino a perderse en el delirante paisaje de la Amazonia colombiana. Ese viaje de 12 años está retratado en esta historia contada por uno de sus discípulos y en una fantástica colección de fotos.

Sabána de Yapobodá, río Kuduyari, Vaupés © Fotografías de Richard Evans Shultes


Explorador de plantas, científico, amante de todo lo indígena y en particular de todo lo indígena de la Amazonia, Richard Evans Schultes nunca pretendió ser un fotógrafo. Sin embargo, se sentía bastante orgulloso de sus, como los llamaba, “retratos”. De las paredes de su amplia oficina, ubicada en el cuarto piso del Museo Botánico de la Universidad de Harvard, colgaban muchas de sus fotos favoritas: luchadores yacunas del Miritiparaná, la silueta rocosa del espíritu en la sima del Jirijirimo, jóvenes macunas mirando el abismo de las cataratas de Yayacopi. Cada fotografía, cuidadosamente clasificada, tenía su respectivo marco de madera y se mostraba al visitante en una forma que solo servía para realzar la calidad sin tiempo de la imagen. Como el hombre mismo, sus fotografías parecían ser el testimonio de otro siglo, de otro mundo.

Schultes puede definirse como un fotógrafo ingenuo. Una imagen bella era para él una fotografía de algo bello, y una fotografía interesante era ante todo la que describía, o representaba, algo digno de notarse. No se detenía en el matiz ni en la metáfora, y si alguien se hubiera tomado el trabajo de criticarlo desde una perspectiva artística, se hubiera divertido mucho. Era, sin lugar a dudas, un fotógrafo inspirado y competente, y luego de haberse vuelto un verdadero experto en el manejo técnico de su cámara, se aproximó a la fotografía con la misma atención meticulosa hacia el detalle que caracterizó su trabajo con las plantas.

Todas sus fotografías fueron tomadas con una de esas Rolleiflex de lentes gemelas que usaban negativos de 6 x 6 centímetros. Introducidas al comercio en 1927, cuando Schultes tenía 12 años, estas cámaras habían fomentado como nunca antes la fotografía popular, alejando a los profesionales, al igual que a los aficionados, de aquellos incómodos aparatos de placas de gran formato que habían dominado el campo hasta entonces. La Rolleiflex de lentes gemelas fue una de las primeras cámaras verdaderamente portátiles, tosca pero liviana, relativamente fácil de usar y ligera, aunque no siempre silenciosa en el mome...

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Comentarios a esta entrada

JUAN CAVALLERI

muy buen articulo

Su comentario

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Actualmente es explorador residente de la National Geographic Society.

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