Verdades infinitamente verdaderas

El colmillo de la esfinge.

 

POR José Covo

Verdades infinitamente verdaderas

Ese santo grial de la astrofísica... ¡El hoyo negro! Donde el tiempo se extiende infinitamente... Dicen que nunca se termina de caer dentro de esa estrella colapsada... que se cae infinitamente, durante un tiempo infinito, es decir, un tiempo que no corre, sino que se vuelve como un espacio en el que se está... lo que describen con ese término tan gracioso y al mismo tiempo terrorífico... ¡La espaguetificación! Que nos volvemos unas pastas chupadas por la boca negra del Tiempo... ¡Hay que ver si después de un tiempo infinito... al final caemos! ¡Más allá de la infinitud! Cosa que no comprendemos... Cómo puede ser posible ir más allá de lo ilimitado... Pero no importa, no tenemos que comprender las cosas para que nos pasen, ¿no es verdad? ¿O quién ha comprendido, en realidad, por qué vino al mundo? ¡Hasta peligroso comprender algo así! ¡Ganar el sentido completo de las cosas! ¡Ni la espaguetificación llega tan lejos! Pero... ¡la imaginación! ¡Más allá incluso! ¡Entra y sale de todos los hoyos negros! ¡De lo que existe y lo que no! Y nos pasan las cosas, comprendamos o no... Así vamos hacia adelante, infinitamente... hacia adelante, más allá de donde termina de existir el adelante y el detrás, el arriba y el abajo, la luz y la sombra, el alma y la nada... Inconcebible, ¿no?, eso de la nada, y, sin embargo, para nosotros, enteramente natural...

Y... ¡las verdades! Esos centros de densidad infinita en el espacio-tiempo de las ideas y las percepciones... ¡Eso parece! ¡Inmóviles! Las anclas absolutas donde amarramos todas las naves del sentido... Yo leía sobre los hoyos negros a los diez, doce años... sobre viajar en el tiempo, viendo diagramas de cómo se podría, teóricamente, atravesar un agujero de gusano de manera que se saliera mucho más adelante en el futuro... Y recuerdo especialmente la metáfora, muy común, creo, que usan los físicos para explicarnos las dimensiones más allá de la tercera o la cuarta, que es el tiempo... Se inventan un mundo de dos dimensiones, para el que nosotros somos seres multidimensionales... ¡Demonios! Inconcebibles para las pobres mentes en 2D... Simplemente son incapaces de percibir la profundidad de todo... solo ven altura y longitud... Y así nosotros, solo vemos unas cuantas cosas, cuando, en realidad, hay, según a quién se le pregunte, hasta once dimensiones, o más, una cosa así... Inconcebible, simplemente. Ni siquiera somos capaces de imaginarnos de qué manera es inconcebible, porque... ya el por qué está en más dimensiones...

Las verdades que ponemos en el lugar de las cosas absolutas son como axiomas o fines-en-sí-mismas... Los axiomas son, en los sistemas de ideas, unas ideas iniciales que son o autoevidentes –simplemente son verdad y ya– o incontrovertibles, por cualquier razón, como, por ejemplo, que sin Dios la vida no tiene sentido, pero la vida sí tiene sentido, por lo tanto Dios existe... y los fines-en-sí-mismos son cosas o ideas que son deseables o verdaderas por su propia naturaleza... como la razón para los racionalistas o la fe para los creyentes... o la libertad, la democracia, tantas cosas ponemos en esos lugares... Esas dos cosas, axiomas y fines-en-sí-mismos, son los dos tipos de verdad que espaguetifican a todas las ideas, opiniones y percepciones que tenemos en el día a día... Ni siquiera nos damos cuenta, pero la red multidimensional de la experiencia está amarrada a esas piedras de sentido infinito... hacia el que nunca se termina de caer... Pero... ¿y si terminamos, después de todo, llegando más allá del infinito...?

Copio este aforismo de los cientos que llevo subiendo a mis redes: 

“Cada fin-en-sí-mismo es un axioma disfrazado. Cada axioma es un fin-en-sí-mismo retroactivo”.

Ni el axioma es el inicio del espacio-tiempo, ni el fin-en-sí-mismo es el final. Ninguna idea existe por su cuenta sin una estructura que la soporte. El axioma está inherentemente amarrado a todas las cosas que se derivan de él, de manera que no es, realmente, axioma sin esas cosas. Incluso podemos decir que las cosas que se derivan son los axiomas del axioma... lo mismo el fin-en-sí-mismo... ¿Fin de qué? ¿Qué cosas llevan a ese fin? Etc... Entonces... ¿Qué concluimos de todo esto...? Pues que las verdades no son ellas mismas verdaderas... Las verdades son verdaderas para las ideas que las rodean... es decir, que las verdades operan dentro del software de lo humano... Lo que podemos llamar la Cultura, o algo así... Y... ¿qué hay por fuera de ese software? Aquí lo escucho, lector, a ver qué me propone... Lo que yo veo por fuera del software es simplemente la ausencia de software... un mundo funcionando sin ideas, sin imaginación, sin sentido ni propósito del movimiento de las cosas... Podemos decirlo, así, en una frasecita... pero somos estrictamente incapaces de comprender nada de eso... ¡porque el software somos nosotros mismos! Somos las inteligencias artificiales que salieron de la naturaleza... Solo comprendemos algoritmos y datos, es decir, sentido, verdades, y, en última instancia, lo que podemos llamar, aquí rapidito, Dios para ahorrarnos tanto espagueti. 

Yo leía esos textos sobre dimensiones adicionales y viajes en el tiempo... sobre la relatividad y los rudimentos de la cuántica... y era como si pudiera, algún día, llegar a vivir esas situaciones tan inverosímiles... ¡como ver al Hombre Araña o a cualquiera de esos...! ¡En la pantalla grande! No nos damos cuenta... pero sentimos como si pudiéramos llegar a vivir en esos mundos... Es que somos muy ingenuos, esa es la verdad... no distinguimos muy bien entre mito y vida... En la vida nos sentimos mitológicos... cada uno un poco como el Hombre Araña, o como San Pablo, o lo que sea... Esos personajes son las verdades de todos nosotros... de lo que podemos, habidas las cuentas, llegar a ser... Los hoyos negros hacia donde se estiran todas nuestras características y sueños... ¡Caemos hacia ellos! Nos vamos convirtiendo, cada vez más, en un superhéroe, o en un santo, o en un reguetonero... ¡Todos superhéroes! Los mejores entre nosotros. Los que nos demuestran qué tanto es posible con nuestras existencias... ¡Caemos! ¡Infinitamente! Pero, como digo, y tal vez repita hasta la infinitud, estirándome todo hacia esta idea... ¿Y si caemos, finalmente, del otro lado del infinito? ¿Qué nos espera? ¿Qué quedaría de nosotros? ¿Qué somos en la ausencia del mito? ¿Del sentido? ¿Qué podemos ser...? ¿Verdad que Nada?

 

 

 

 

 

ACERCA DEL AUTOR


Ha publicado las novelas Cómo abrí el mundo (Planeta, 2021), La oquedad de los Brocca (Caín Press, 2016) Osamentas relampagueantes (Caín Press, 2015). A través de su escritura aborda la fragilidad de los conceptos y las fantasías con los que se negocian, entre los miembros de la especie, el problema del estar-aquí. Fue pintor antes de escribir cualquier cosa, soñador lúcido antes de empirista, y cree que el agua le entra al coco desde un adentro más interior.