(...) se sintió casi tentado a creer en la felicidad, aquel despreciable objetivo vital de los analfabetos. Si llega por sí sola, sin que la persigamos, si no la retenemos por la fuerza y más bien la tratamos con cierta condescendencia, bien podemos tolerarla a nuestro lado unos cuantos días.”

Publicado por Elías Canetti.