Cabelleras festivaleras al rojo vivo; Conversación en la fiesta

Y dele con la bendita lista

Ideas, apuntes, chismes, tendencias, habladurías

POR El Malpensante

Fanny Mickey en Yo amo a Shirley • © Cortesía Teatro Nacional

 

Cabelleras festivaleras al rojo vivo

Sigue la cuenta regresiva para el Festival Malpensante de este año, que se celebrará en Bogotá del jueves 25 al lunes 29 de junio, o sea el último fin de semana del mes, junto con el lunes de puente y los dos días previos, en el colegio Anglo-Colombiano, ubicado en la Avenida 19 con la Calle 153.

Varios de los invitados confirmados para la presente versión se pueden ver en los anuncios incluidos en esta revista y, mejorando la sección presente, son apenas la punta del iceberg, pero hay una invitada muy entusiasta que tuvimos el año pasado y que ya no volverá, al menos no en persona, no con su caminado pausado encima de los infaltables tacones de aguja, no con su escote impenitente, no con su inconfundible pelo al rojo vivo y su voz porteña levemente domesticada por una larga estadía en el altiplano colombiano. Sí, echaremos mucho de menos a Fanny Mikey, sobre todo porque ella nos inyectaba entusiasmo, nos inducía al arrojo y nos daba consejos. ¿Qué hacer? Pues dedicarle una sesión sentida de homenaje durante la cual hablarán de ella varias personas que la conocieron bien y bautizar con su nombre uno de los auditorios que utilizaremos. ¿Más? A lo mejor alguien nos ayuda a distribuir pelucas rojas y muñecas emblemáticas con cabelleras festivaleras al rojo vivo.

Queremos, con estos gestos, contribuir a que la gente recuerde que si están asistiendo a un festival divertido y espiritualmente estimulante, se lo deben en parte a esta pelirroja traída del sur, que se inventó el suyo contra viento y marea, contra excomuniones y bombas, en uno de los momentos más oscuros de la vida nacional. Por eso luego llenaba plazas con una facilidad que ya quisiera para sí el más caudillo de los caudillos. Y que conste que no nos estamos metiendo en política, ni mencionamos nombres.

Como la programación definitiva del festival debe esperar hasta que circule la próxima edición, queremos anticipar que seguiremos con algunos de nuestros temas predilectos: el periodismo y el poder, el periodismo y la literatura, la literatura y la historia, todas relaciones más que problemáticas y por ello mismo productivas. Habrá reivindicaciones de los placeres culpables, tendremos debates sobre el ineludible tema del periodismo digital, tendremos música, tendremos celebraciones de cumpleaños editoriales, tendremos muchos poetas leyendo versos por cuenta de la Universidad Externado de Colombia, nuestra permanente aliada en asuntos líricos, tendremos intrépidos cronistas de guerra y esperamos tener la agradable compañía de lectores como usted.

Hasta entonces.

 

© Corbis

 

Conversación en la fiesta

Hace un mes y medio, recién publicado el número 95 de El Malpensante, un suscriptor abordó en un ágape a uno de los miembros de esta redacción y le planteó, en términos sumamente cordiales pero también emparrandadamente enérgicos, su rechazo a la necrológica que Álvaro Bustos le dedicó a Roberto Posada García-Peña, el inefable D’Artagnan. En particular, a nuestro improvisado contertulio parecía molestarle que Bustos hubiera finalizado su nota diciendo que el suplemento cultural de El Tiempo, dirigido por el mosquetero de marras, era “triste, monótono e insubstancial”. Según él, se trataba de una injusticia pues las Lecturas a menudo publicaban piezas que podían leerse con agrado un sábado en la mañana. Y citaba, a manera de ejemplo, la nota que Guillermo Angulo le había dedicado a la pasta italiana o una columna de Carlos Fuentes sobre el novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez. Por último, mirando pícaramente al miembro de nuestro staff, le preguntó: ¿Quién de ustedes es Álvaro Bustos?

No. Por más que recuerde al Bustos-Domecq de Borges y Bioy, toca repetir que Álvaro Bustos no es ningún seudónimo de esta redacción. El señor existe, es pediatra infectólogo y vive en Montería. Los incrédulos pueden comprar un ejemplar de El Meridiano de Córdoba (o consultarlo por internet) y verán que semanalmente escribe allí una columna, en la que, si la desconfianza en nuestra palabra es mayúscula, también pueden toparse con su sonriente fotografía.

En cuanto a lo demás, nos reafirmamos en lo que le dijimos a nuestro amigo. Desde que asumió la dirección de las Lecturasen 1980, D’Artagnan trató de convertirlas en una historia en fascículos del Partido Liberal, mechadas de vez en cuando con temas de gastronomía, divulgación científica y alguna que otra polémica pendejona y ridícula, como aquella en que dos académicos casi se retan a duelo porque uno de ellos “osó” decir que la mujer de Antonio Nariño le había sido infiel a su marido. Imagínense: peleando uno por la cuca de una señora que murió hace doscientos años.

D’Artagnan también trató de convencernos de que los políticos colombianos eran grandes intelectuales, y paulatinamente fue reemplazando a los viejos colaboradores del suplemento por la pluma inmarcesible de los padres de la patria. Al unísono, eliminó los temas de gran envergadura y recortó el espacio de las notas a favor de las imágenes hasta que la revista a su cargo se convirtió en una parodia de sí misma: unas Lecturas que le tienen pánico a la lectura. De otro modo, no entiende uno cómo publican textos microscópicos, escogidos con evidente pereza, en los cuales el objetivo principal parece ser aburrir al lector y sacarlo corriendo.

En fin, mientras sostenía su vaso de whisky, algo así era lo que el miembro de El Malpensante le decía a su amable contradictor. Si ahora hemos desenterrado el episodio, es porque el número de marzo de las Lecturas ha sido una confirmación involuntaria, un ejemplo no pedido, de lo que se discutió aquella noche. Véanlo ustedes: en su portada trae a Roberto Bolaño y con grandes titulares se nos anuncia que es la nueva sensación de la literatura latinoamericana. Resulta muy diciente que seis años después de muerto el autor chileno, y cuando nadie en el mundo ignora sus méritos, las Lecturaslo “descubran” y proclamen urbi et orbi la buena nueva. Qué le hacemos: ésa era la atención que D’Artagnan, dizque gran lector y experto consumado en Dumas, le concedía a la literatura.

Pero lo mejor de todo viene en las páginas interiores. Para celebrar tan fastuoso descubrimiento, la revista no encontró nada mejor que publicar las palabras que Jorge Herralde, editor de Bolaño, dijo en el funeral de éste el lunes 14 de julio de 2003. Todo santo y bueno, salvo por el gracioso detalle de que ese mismo texto lo habíamos publicado en el número 48 de El Malpensante, seis años atrás.

Hombre, ¿un refrito es todo lo que tiene para ofrecernos el suplemento cultural del principal diario de Colombia?

Nos negamos a creerlo.

 

Y dele con la bendita lista

Metidos en gastos –o más bien en sudores–, ahora sabemos que hacer una lista de libros más vendidos en un país no es nada fácil. No por eso vamos a echarnos en las petacas y a pedirle a una única librería su ránking. Lo que sí pensamos es ir ajustando nuestro ejercicio las veces que toque hasta llegar a un modelo confiable y veraz sobre los libros que compran los pocos colombianos que compran libros (nos referimos a los que lo hacen en librerías, porque sabemos que los compradores de libros callejeros son muchísimos más). E iremos anunciando en esta sección los cambios que hagamos y las conclusiones a las que vayamos llegando a medida que aprendemos.

Empecemos, en esta ocasión, contestándole a Andrés Mauricio Muñoz, ingeniero y aplicado lector, quien en una carta que publicamos en nuestro correo discute la idea que tuvimos de calcular la cuota de mercado de las librerías consultadas, y con base en esos cálculos ajustar nuestras listas definitivas. Nos propone el más simple ejercicio de sumar los ejemplares que nos reporte cada establecimiento, y tenemos que coincidir con él: por supuesto, ése sería el escenario ideal, una pura operación de suma de ejemplares. Sucede sin embargo que las librerías no envían las listas de ese modo. Para subsanar el problema, les hemos pedido que de aquí en adelante nos manden la cantidad de ejemplares vendidos de cada libro que alcance a clasificar, y esperamos que para la tercera entrega nos pongamos a simplemente sumar y así dejar a un lado las odiosas páginas de Excel, que no nos gustan mucho que digamos. Pero por ahora continuamos dándole un porcentaje de participación a los libros que venden, supongamos, la Librería Nacional y la Panamericana –cada una con más de veinte sucursales– y otro distinto a la librería que apenas tiene un local, o que se especialice en un tipo de libros –infantiles y juveniles, por poner un caso.

Una novedad para esta segunda oportunidad es que tuvimos que omitir la lista de libros técnicos y universitarios, por varias razones. Primero, porque ninguna librería coincidió en un solo título universitario con otra. Ni una sola coincidencia. Sospechamos que esas diferencias tan marcadas tienen que ver con la ubicación de los locales: los estudiantes de, por ejemplo, la Universidad del Norte, en Barranquilla, comprarán los libros que les pidan sus profesores en la librería que tengan más cerca, y así en el resto de casos. Una segunda razón, ya no sospechada sino confirmada por unas cuantas librerías, es que algunas no incluyen en la lista de los más vendidos los libros que piden los profesores para sus cursos: les parece que estas compras son inducidas, e incluir esos títulos alteraría los resultados de las listas. Por acá creemos que inducida es prácticamente toda compra de libros (¿toda compra en general? Quizás, pero ese es otro asunto): los lectores que compran un título lo hacen inducidos por una reseña, por una recomendación de boca de un amigo o un profesor, por el interés que despierte el nombre o la obra de un autor, porque la película está en cartelera y hay publicidad por todas partes. En fin, allá ellos y acá nosotros: la lista de libros técnicos y universitarios no nos pareció confiable y decidimos omitirla, al menos mientras sepamos de dónde tomar la información y de qué manera manejarla.

Quisimos conservar el mágico número de cuatro listas, por lo cual cambiamos la de libros universitarios por una de libros más leídos, atendiendo a la inteligente recomendación que nos hizo Gloria Rodríguez en carta que publicamos en el número anterior. Cada mes le pediremos a una biblioteca pública de alguna ciudad del país su lista de los diez libros que más prestaron sus visitantes. Quisiéramos contar con un consolidado de la Red Nacional de Bibliotecas para brindar resultados más globales, pero mientras la entidad no tenga esta información sistematizada no podremos nosotros presentar esos resultados a nuestros lectores. Esta vez comenzamos con la lista de libros más leídos en la Biblioteca Luis Ángel Arango, la más grande del país.

Y así seguiremos, ajustando y atendiendo las recomendaciones que nos hagan los interesados. La idea es pulir y pulir hasta que tengamos en su punto la listica aquella. Así que bienvenidos los comentarios que nos ayuden a afinar, y cuenten los lectores con aclaraciones en nuestro Iceberg.

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