Dos poemas procaces

Casimiro y Soneto a la Valenciana

POR Arturo Camacho Ramírez

Arturo Camacho Ramírez (1910-1982), poeta y periodista tolimense. ©Archivo fotográfico de Cromos

Arturo Camacho Ramírez (1910-1982), poeta y periodista tolimense. ©Archivo fotográfico de Cromos

 

Casimiro
Se murió Casimiro, el cacorrezno
venido de ultramar
y Gonzalito Mallarino y Gabo
lo fueron a enterrar.
 
Metiéronle tres velas por el culo,
tapiáronle con semen la nariz
y para terminar, coquetamente,
atáronle en el pene una lombriz.
 
Terminada la triste ceremonia
verraco y semental Mutis entró
y, asesorado por Fernández Gómez,
el cadáver violó.
 
Y luego, sacudiéndose la pinga,
el tendido cadáver hisopeó
y, con la voz quebrada por el llanto,
el siguiente discurso le espetó:
 
“Más cacorro que un lirio fuiste en vida,
más ponelón que trompo de escolar,
más descarado que una calavera,
¡oh, puto singular!
 
”Espejo de cacorros postgraduados
fuiste a la pederastia siempre fiel.
Por eso has merecido este homenaje
de Gonzalo, de Pepe y de Gabriel.
 
Así por sus acciones tienen premio
en el mundo los hombres al morir.
Seguid, ¡oh maricas!, el ejemplo
del noble Casimir”.
 
 
 
Soneto a la Valenciana
 
Para Álvaro Cepeda Samudio,
chofer adolescente
        
Abandona un momento tu lecho cuneiforme
de faquir sodomita que en anhelo tardío
–¡cacorro innominable, pederasta de río!–
revuelcas en el fango tu espalda proteiforme.
 
Príapos ebanitas cércante con su enorme
ménsula espatulada y un Apolo cabrío
insemina tus glúteos al ardor del estío
con el chorro implacable de su sexo disforme.
 
Por ti, Gabo mastúrbase insomne en La hojarasca;
Mutis, con Essolube, sueña que te lo atasca;
Casimiro solloza de impotencia y locura
 
y Fuenmayor, blandiendo su verga pretoriana,
impasible castiga tu carne casquivana
¡oh, gran marica, oriundo de Soledad la Impura!

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