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El Malpensante

Portafolio gráfico

Libia

Regreso a casa

"Cualquier imagen reciente de Libia incluye hombres armados y gente enardecida". Esta frase que encabezaba la serie de fotos que publicamos en nuestra edición de mayo resulta aún más cierta ahora tras la muerte de Gadafi. Pocos días antes de que la revolución estallara, el autor volvió a su país natal tras años de exilio y capturó este retrato distinto.

 

A comienzos de este año, pocas semanas antes de que estallara el levantamiento del pueblo libio contra Muamar Gadafi, regresé a la vieja casa de mi familia en Trípoli.

Era la primera vez que visitaba ese lugar desde que salí de mi país natal rumbo a Inglaterra, aún siendo niño.

La impresión que tuve al ver de nuevo la casa en la que nací, la de mis abuelos y mis tíos, en el vecindario donde pasé los primeros años de mi vida, debe resultar familiar para cualquiera que regresa a un lugar que no ha visto desde la infancia: “No es tan grande como lo recordaba”.

También el recuerdo que conservaba de las personas que habían quedado allí era infantil: el tío regañón, la tía cariñosa, los primos juguetones. Una parte de mí esperaba encontrarlos congelados en el tiempo, exactamente como los había dejado al partir.

El día que salí de Libia junto a mis padres y hermanos, tantos años atrás, nuestra gigantesca familia nos acompañó al aeropuerto en un convoy de carros. Recuerdo que mi tía estaba llorando.

Siempre la vi como una mujer severa, estricta; por eso la imagen de su llanto angustiado me hizo comprender que algo realmente malo estaba pasando.

Treinta años después, al momento de mi regreso, era esa misma tía quien nos estaba esperando en el aeropuerto. Lucía mucho más vieja, pero conservaba la voz enérgica y el mismo agudo ingenio. Era ese humor seco, ese sarcasmo inteligente, lo que quizá había malinterpretado como dureza durante mi infancia.

Mi tía perdió a su esposo por una enfermedad crónica pero tratable. Una historia frecuente en un país en el que el sistema de salud ha sido abandonado a la desidia, en contraste con la riqueza petrolera. En una familia muy unida y afectuosa como la nuestra, mi tío era el más querido. Su pérdida fue un golpe duro para todos, pero el lugar en el que quedó más profundamente grabada fue en esos severos ojos tristes que nos esperaban al volver a casa.

Mi tío y mi padre eran muy unidos. Cuando mi padre terminó sus estudios en Egipto, a finales de los sesenta, mi tío recorrió todo el camino desde Trípoli hasta Alejandría en un viejo Peugeot verde para buscar a mis padres y mis hermanos mayores. Mi hermano aún conserva vívidos recuerdos del largo recorr...

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