Penny and The Quarters

Un melómano reconstruye la historia de una vieja grabación, desempolvada y convertida en éxito cuarenta años más tarde.

POR Juan Carlos Garay

Una de las pocas fotos de Penny & The Quarters • © Cortesía The Other Paper

 

He seguido con atención una de las pesquisas musicales más fascinantes de este año. Se trataba de ubicar a los integrantes de un grupo que nunca publicó discos comercialmente y apenas grabó una audición en una cinta magnetofónica cuyo estuche quedó marcado con lápiz antes de perderse (casi) para siempre: Penny & The Quarters.

A finales del año pasado, una película llamada Blue Valentine (en Colombia duró pocas semanas en cartelera bajo el nombre de Triste san Valentín) incluyó como tema central de su banda sonora la canción “You and Me” del grupo Penny & The Quarters. De la película no hablo porque no la vi, pero al parecer su efecto emocional está dictaminado por esa canción, tan sencilla que abruma: una voz femenina solista y tres caballeros haciendo armonías al fondo, al estilo doo-wop de los años sesenta. Los productores cinematográficos descubrieron la grabación en los archivos del sello independiente Numero Group, que a su vez había comprado la cinta original en una venta de bodega del fallecido productor musical Clem Price.

Hasta ahí, la transacción no tiene nada de especial: se pagan unos derechos por la utilización de un track de audio y ya está. Pero resulta que la canción surtió un efecto tan embelesador que pronto se desligó del filme y, para comienzos de enero, era bajada de internet unas cien veces diarias. Frente a la obligación de pagarles regalías a los artistas, los directivos de Numero Group se estrellaron con la gran pregunta: ¿quiénes eran Penny & The Quarters? La cinta original había sido grabada a finales de los sesenta o principios de los setenta, pero no habían dejado nombre ni apellido ni dirección ni teléfono. Claramente se trataba de una audición de prueba para el señor Price, que nunca llegó a cristalizarse.

El 18 de enero de 2011 el periódico londinense The Independent cubría la historia. Entrevistaron a Ken Shipley, uno de los fundadores de Numero Group, quien afirmaba haberle hecho escuchar la canción a unas cien personas relacionadas con la industria musical de la época, sin haber obtenido la menor pista. El texto cerraba, casi desesperanzado, avisando que igual buscaban a los integrantes originales del grupo “o a sus familiares sobrevivientes”.

En un nuevo intento, colgaron la canción en YouTube solicitando mayor información sobre Penny & The Quarters. Esperaban la colaboración de la comunidad virtual, pero lo único que lograron fue recibir comentarios del tipo “Si alguien me dedica esta canción, yo me caso”.

El 4 de febrero, el periódico Columbus Dispatch ofrecía una primera pista y algunas nuevas preguntas. Se deducía que, si la cinta había pertenecido a Clem Price, tenía que haber sido grabada en Columbus, Ohio, en algún momento entre 1970 y 1975: ésos fueron los años en que el productor estuvo al frente de los estudios Harmonic Sounds y emprendió una búsqueda de nuevas figuras de la música soul. El artículo anunciaba que las regalías, para entonces, habían ascendido a mil dólares. Y citaba nuevamente a Ken Shipley, en una confesión más sentimental que de negocios: “No es exactamente una tonelada de dinero, pero me encantaría que ellos supieran que su canción es significativa, así se haya tardado cuarenta años”.

¿Por qué las referencias a esta canción son siempre tan emotivas? Y, sobre todo, ¿por qué tanto empeño en descubrir a las personas detrás de las voces? En instancias administrativas similares, simplemente se declara el pago como “no reclamado” y se pierde en el maremágnum de la contabilidad de las editoras musicales. La respuesta está en la música, en esa canción de menos de tres minutos que nos dejaron para luego disolverse. La voz de ella –Penny– transmite la inocencia adolescente en tanto que sus coristas –los Quarters– la respaldan afinados pero un poco más atentos al compás que al sentimiento. Hay una mezcla de talento y timidez que es encantadora. Son novatos pero están al borde del éxito. Y sin embargo, por la razón que sea, el éxito no llegó.

La melodía se parece mucho a “This Old Heart of Mine” que lanzaron los Isley Brothers en 1966, y la interpretación de Penny rememora los juegos vocales del ídolo juvenil Frankie Lymon. Vista desde esa perspectiva, la canción sonaba anacrónica para la naciente década de los setenta. Hoy, con la distancia del tiempo, no nos preocupa esa diferencia de cuatro años: es un doo-wop tardío pero absoluto. Sin embargo sabemos que en su momento, en cada presente, esas cosas le importan a la industria. El sonido es lindo pero retro, debió pensar el señor Price. La radio lo habría rechazado. Gracias muchachos, en caso de necesitarlos los llamaremos.

El pasado 16 de junio el diario inglés The Guardian identificó al autor de “You and Me”. Los periodistas rastrearon a los compositores que trabajaban con la industria discográfica de Ohio a principios de los setenta y apostaron por Jay Robinson. Pero Robinson murió en 2009, así que la opción fue hacerle llegar una copia de la grabación a su viuda y esperar respuesta. La señora los contactó para informar que no solo se trataba de una composición de su esposo, sino que Jay era una de las voces masculinas de la grabación. “Cuando escuché su voz al fondo me puse a llorar, me trajo todos los recuerdos”, declaró al diario. Sin embargo dijo no reconocer la versión y se lanzó a especular que Penny “pudo ser un interés amoroso suyo” sobre el cual nunca le contó.

Descubierto el nombre del compositor, los sucesos siguientes se precipitaron. En Italia, varios coleccionistas de discos antiguos y raros empezaron a correr la voz. Y fue cuando se enteró de la historia Jayma Sharpe, una estudiante estadounidense. Movida por la curiosidad, al recordar que su mamá le había contado que de joven participó en un grupo musical sin éxito, buscó la canción en internet. Al escucharla reconoció la voz que la arrullaba.

El 1° de julio, el semanario The Other Paper de Columbus difundió la noticia que daba fin a más de siete meses de búsqueda: Penny se llama Nannie Sharpe, tiene 62 años y vive en Virginia. “Han pasado cuarenta años desde la última vez que escuché esta canción. Estoy sobrecogida y exaltada”. La canción la grabó a sus veintidós años en una sola toma. Como nunca llegó el esperado contrato discográfico, Sharpe terminó empleándose en el servicio de correos. El canto lo sigue practicando, pero en la iglesia los domingos.

Por fin la historia puede ser reconstruida. Nannie y sus tres hermanos llegaron una tarde de 1970 a los estudios Harmonic Sounds, respondiendo a un aviso de prensa. El productor Clem Price los empleó como coristas un par de veces y luego tuvo la idea de costearles un disco sencillo. Entonces llamó al compositor Jay Robinson “para que los puliera”. Robinson les regaló su canción “You and Me”, los entrenó y cantó con ellos en la cinta magnetofónica. La cinta quedó archivada durante cuarenta años, esperando el momento justo para ponerse de moda. ¿Y en cuanto al nombre del grupo? Parece ser que Robinson miró sus bolsillos en busca de alguna inspiración y solo encontró una moneda de un centavo y tres de veinticinco. En Estados Unidos se le llama “penny” al centavo y “quarter” a la moneda de un cuarto de dólar. En suma, 76 centavos de aquel entonces que este año pudieron cobrar más de mil dólares de regalías.

Hasta ahí la anécdota, que tiene suspenso, final feliz y, sobre todo, una banda sonora memorable. Pero también deja alguna pregunta difícil de responder: ¿qué hace que algo tan etéreo como una canción se desvanezca y renazca? Al tiempo que seguía cada paso del desarrollo de la noticia andaba leyendo un libro de la musicóloga Susan Elizabeth Hale llamado Sacred Space, Sacred Sound. No era lo que esperaba. Me imaginaba algo centrado en la relación entre arquitectura y música y resultó ser un tanto más esotérico. Pero tiene momentos intrigantes. En el segundo capítulo cita a un ingeniero acústico inglés, John Reid, quien ha desarrollado la teoría de que el sonido no desaparece nunca. La onda (que para Reid se asemeja más en su forma a una burbuja) se expande y viaja por el aire, pero se mantiene. Me gusta pensar que así fue con esta canción, porque suena a eso, a algo que ha estado ahí todo el tiempo.

ACERCA DEL AUTOR


Juan Carlos Garay

Autor de la novela La nostalgia del melómano. Es realizador del programa radial La Onda Sonora, que transmite Radio Nacional de Colombia.